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Cocínales

Publicado el abril 20th, 2015 | por InOutRadio

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Cocínales: ‘Dorada a la sal’

Un plato muy veraniego, tan de verano que es imposible hacerlo en invierno. Y además, sólo puede comerse en zonas de playa, en la costa. Otro día hablaremos de la gastronomía de montaña, más de interior, que también es muy interesante, pero hoy es el turno de preparar una suculenta Dorada a la Sal.

INGREDIENTES (para 1 lesbiana)

–      1 dorada

–      1 playa

Mujeres doradas a la sal

 

PREPARACIÓN

Ya hemos dicho que la dorada a la sal es un plato de verano y que sólo puede comerse en zonas costeras. En España no tenemos problema, porque tenemos mucha costa y mucha playa, por eso la dorada se come mucho. Otra ventaja de este plato es que no hace falta prepararlo, porque te lo encuentras hecho.

Cuando te apetezca una buena dorada a la sal, lo único que tienes que hacer es irte a la playa más cercana por la tarde, siempre por la tarde, a última hora, a partir de las seis, más o menos. Cuando llegues, inspeccionas, miras a tu alrededor y te darás cuenta de que la marea ha arrojado a la arena centenares de doraditas por el sol de todo el día. Las verás a todas allí, con sus bikinis, tumbadas sobre sus toallas. Son las doradas, y podrás escoger la que más te guste.

 

Una vez que te hayas decidido por una de las doradas, fíjate en si está seca o mojada. Para que el plato tenga todo su sabor, la dorada tiene que estar mojada, porque eso significa que acaba de salir del agua y que, por lo tanto, está en su punto de sal. Si está muy seca, la sal habrá cristalizado y el sabor será distinto, menos intenso. Si ves que la dorada que te gusta está seca, espera pacientemente hasta que decida volver al agua, y cuando salga y se tumbe de nuevo al sol es cuando tienes que actuar. Acércate a ella con sigilo, reptando por la arena, y cuando llegues a su lado… ¡sáltale encima! Tus movimientos tienen que ser ágiles y precisos, porque si no corres el riesgo de que la dorada se te escape de las manos. Son tan escurridizas… Te recomiendo que, para inmovilizarla, empieces a morderla por la base del cuello, con pequeños mordisquitos y algún que otro lametón. Si lo haces así, verás como la dorada se queda quietecita, inmovilizada por el miedo, y entonces tú vas comiendo tranquilamente, hasta que sólo quede el bikini que, si quieres, te lo puedes llevar de recuerdo, como trofeo… La dorada a la sal… ¡Una delicia del mar!

La Polli-Carme Pollin

 

 

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