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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el diciembre 4th, 2017 | por InOutRadio

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Desconocidas & Fascinantes Emily Dickinson, ‘La dama de blanco’ por Viky Frías

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Emily Elizabeth Dickinson nació en Amherst, Massachussets, el 10 de diciembre de 1830. Su abuelo fue uno de los fundadores de la universidad de esa ciudad y su padre,  abogado y tesorero de dicha universidad, además de una figura política importante.  La madre de la poeta era una persona tranquila que tenía una enfermedad crónica. Su hermano mayor, Austin, se casó con Susan Gilbert, amiga de Emily, y formó su hogar junto a la casa familiar, en la cual Emily pasó la mayor parte de su vida. Su hermana menor, Lavinia, también conocida como “Vinnie”, contribuyó a la  publicación póstuma de la poesía de su hermana.

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Emily estudió en una academia cercana a su domicilio, allí cursó literatura, religión, historia, matemáticas, geología, biología, y aprendió latín leyendo la Eneida. A los 17 años comenzó a asistir a un seminario femenino de estudios superiores. Pero antes de un año enfermó y Austin (su hermano) fue a buscarla para llevarla de regreso a casa. No volvió a estudiar. 

Desde que dejó los estudios, Emily realizó solo viajes cortos para visitar a sus parientes.  Era una mujer solitaria que se comunicaba por carta. La llamaron “La reina reclusa”. Fue una mujer cerebral, hipersensible, extraña para la mayoría, no así para sus íntimos.

Los últimos años de su vida vestía sólo de blanco,  y apenas se dejaba ver o entrever en el jardín. Leía la Biblia protestante y cuidaba de su madre enferma.

Los tres años finales no salió siquiera de su habitación; falleció el 15 de mayo de 1886, con 56 años, a causa de una nefritis, el mismo mal que padeció Mozart.

Susan fue quien preparó el cuerpo de Emily para el entierro y escribió la oración fúnebre.

Dickinson era puritana, pero liberal; junto con Walt Whitman se considera una de los dos grandes poetas de Norteamérica en el s. XIX. La poesía de Dickinson, rompedora sobre todo con el lenguaje, no encaja en su época. Es una poesía fácilmente reconocible a primera vista y no se parece a ninguna otra. Usa guiones y mayúsculas en forma no convencional, y posee un vocabulario propio.

Dickinson escribió prácticamente en secreto más de 800 poemas de los que solamente 5 se publicaron en vida de la poeta. Ella guardaba sus escritos clasificados en pequeños paquetes atados con un cordel.

En el uso de los guiones (que algunos traductores corrigen equivocadamente, quitándole la respiración al poema) Emily recuerda a Paul Celan y a Marina Tsvietáieva. En su amor oculto y desbordante a la vez, se acerca a Sor Juana Inés de la Cruz, y en sus cartas que hablan de la noche y los ángeles se aproxima a la ultrasensibilidad de Rilke.

Aunque recibió propuestas de matrimonio, Dickinson nunca se casó. Quizá se relacionó sentimentalmente con algunos hombres, pero lo que hoy parece evidente es que estuvo vinculada a mujeres desde su juventud. Se le conoce un romance con la escritora Emily Fowler, y numerosas amistades femeninas. Hace poco se ha descubierto una foto que muestra a la poeta con Kate Scott Turner, una mujer que se supone habría sido su amante. La foto se tomó cuando Emily tenía 30 años de edad.

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Pero la pasión de Dickinson se refleja especialmente en algunos de sus poemas y cartas dirigidos a  Susan Gilbert, la profesora de escuela que se casó con su hermano.

A partir de 1850, cuando Susan era novia de Austin, Dickinson le escribió 276 cartas, muchas de ellas llenas de efusiones apasionadas. A la muerte de Emily, su hermano revisó las cartas, suprimió lo que le pareció escabroso o excesivo y quemó todas las respuestas de Susan, pero las cartas de Dickinson a Gilbert han sobrevivido. Por ejemplo, en1852 le escribe:

“dulce hora, bendita hora, para llevarme y devolverme a ti, suficientemente larga para robar un beso y suspirar adiós, de nuevo. He pensado en ello todo el día, Susie, y me temo que un poco más, y cuando iba a una reunión llenó mi mente por completo, tanto que no pude encontrar respuesta para el pastor; cuando dijo “Padre nuestro que estás en los cielos”, yo exclamé “oh querida Sue”… 

Luego dice:

Pienso en el amor y en ti y mi corazón crece plena y cálidamente y mi pecho se aquieta. El sol no está brillando, pero puedo sentir un rayo de sol penetrando en mi corazón y volviéndolo todo verano y cada espina, una rosa”. 

En otra carta escribe:

“Están limpiando mi casa hoy, Susie, y yo aproveché para hacer un vuelo rasante hasta el escritorio donde con afecto, y contigo, voy a gastar las más preciosas de todas mis horas para pensar, suspirando, en ti. No puedo creer, querida Susie, todo el tiempo que hace que estoy sin verte, un largo y vacío año: sé que a veces el tiempo nos parece que pasa volando porque mis pensamientos sobre nosotras son tan cálidos como si te hubieras ido apenas ayer… y luego pasa como si años y años hubieran atravesado el silencioso sendero y el tiempo se hace extrañamente largo. ¿Y ahora, cuán rápidamente voy a tenerte en mis brazos?
Tendrás que perdonar mis lágrimas, Susie, ellas sienten esa felicidad de venir y no está en mi corazón reprocharlas y mandarlas a casa. No sé por qué pero hay algo en tu nombre que en este mismo instante se está apropiando de mí, que llena plenamente mi corazón y mis ojos, ellos también… Aquellas uniones, mi querida Susie, por las cuales vivíamos, esa dulce y extraña certeza en la que caíamos y que nadie admitía, ¿cómo no habría de llenar mi corazón y golpearme salvajemente, cómo no habría de hacerme tuya y hacerte mía y hacerme sentir hoy feliz porque te tuve, aunque parezca mentira?

Y acaba diciendo:

No permitas que nadie vea esta carta. ¿Lo harás, Susie? 

Para saber más

Aunque la obra de Dickinson se viene publicando desde hace tiempo en España, existe el problema de las traducciones, que no eran del todo correctas. Por fin se ha cuidado en extremo la traducción en dos libros:

·         DICKINSON, Emily (2012):  Poemas 1600. Fue  culpa  del paraíso (Edic. bilingue). Traducción: Ana Mañeru Méndez y María-Milagros Rivera Garretas, Sabina Editorial, S.L., Madrid.

·         DICKINSON, Emily (2012): El viento comenzó a mecer la hierba, Nørdicalibros, Madrid.

Las cartas están publicadas también:

  • DICKINSON, Emily (2009): Cartas, Lumen en edición de Nicole d’Amonville, Barcelona.

Hay una biografía breve, pero excelente:

  • MAÑERU, Ana (2002): Emily Dickinson,  Ediciones del Orto,  Madrid.

 

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