Síguenos en:

Desconocidas & Fascinantes

Publicado el octubre 16th, 2017 | por InOutRadio

0

Desconocidas & Fascinantes: El proceso de invisibilización de Hiratsuka Raicho y Kokichi Etsudo por Thais Morales.

Hoy seguiré con otra pareja de japonesas cuya historia no tiene, como en el caso de Yoshiya Nobuko y Chiyo Monma un final lesbiano y feliz. Es la otra cara de la moneda y, lamentablemente, más habitual en el Japón de principios del siglo XX. Y es, además, un claro ejemplo del proceso de invisibilización al que a veces se ven sometidas las lesbianas.

descarga (2)

Las desconocidas y fascinantes de esta semana son Hiratsuka Raicho, una de las fundadoras del movimiento feminista japonés, y la artista Kokichi Otake.

Hiratsuka Raicho nació en 1886 y murió en 1971 y, además de fundar con otras colaboradoras el movimiento de derechos de las mujeres, fue autora de la novela ‘Al principio las mujeres eran el sol’ (una referencia al mito sintoísta de la creación), considerada el primer texto del feminismo japonés.

Hiratsuka estudió en una de las primeras universidades para mujeres de Japón, pero pronto se decepcionó al ver que el programa de estudios estaba orientado, como todo lo relacionado con la mujer en Japón, a convertirla en una ama de casa, madre y esposa perfecta. Así que Hiratsuka insistió en su formación autodidacta, estudió Zen y filosofía mientras la idea históricamente arraigada en Japón de la inferioridad social de la mujer le provocaba un malestar cada vez mayor. En 1920, a raíz de una investigación sobre las condiciones de las trabajadoras en las fábricas textiles de Nagoya, Hiratsuka abandonó la vida teórica y pasó a la acción fundando la Asociación de las Nuevas Mujeres. Gracias a los esfuerzos de este grupo de mujeres el Artículo 5 de las Normas de Seguridad de la Policía que, desde 1900 había prohibido a las mujeres unirse a organizaciones políticas o incluso asistir a mítines, fue derogada en el año 1922.

Hiratsuka empezó a publicar en 1911, con cuatro compañeras de la universidad, la revista Seito, que significa Media azul, con la finalidad de “provocar el despertar y mostrar el talento individual de las mujeres “. Esta revista de arte y literatura fue pionera en el campo de los derechos de la mujer japonesa moderna y su primer número comenzaba con la frase: “Al principio las mujeres eran el sol”.

Seis meses después de que se estrenara la revista, Hiratsuka conoció a Kokichi Otake, una artista que había nacido en 1893 y que era la hija mayor de  Otake Etsudo, un gran maestro de la pintura japonesa. Sin un heredero varón, Etsudo convirtió a Kokichi (apodo masculino que se puso ella misma y que significa púrpura, su color preferido) en el hijo varón que nunca tuvo, la persona destinada a tomar su relevo en el mundo del arte y a perpetuar el nombre de la familia. Y ello a pesar de que su madre, descendiente de una familia de samuráis, intentó inculcarle a su hija los valores tradicionales de la feminidad.

Kokichi e Hiratsuka  se conocieron el 19 de febrero de 1912. Raicho  tenía 26 años y Kokichi, 19.

El impacto de aquel encuentro quedó reflejado en la novela de Raicho, ‘Al principio las mujeres eran el sol’: “Totalmente vestida de hombre, Kokichi, cortando el aire mientras camina, diciendo lo que quiere decir, riéndose y cantando en voz alta, representa una imagen absoluta y verdaderamente libre y placentera. El sentimiento de alguien que es libre desde su nacimiento. Sólo mirarla es un placer”, escribió Hiratsuka Raicho sobre su primer encuentro.  Fue un flechazo y Raicho empezó a llamar a Kokichi ‘mi chico‘.

Kokichi, por su parte, escribió acerca de su relación con Hiratsuka en los siguientes términos: “Mi corazón ha sido sacudido por esta mujer. Me siento como su prisionero. Incluso si ello significara convertirme en su esclavo o sacrificarme, lo haría feliz mientras supiera que nunca dejaré de recibir sus besos y sus abrazos”. El resto de colaboradoras de la revista Seito conocían aquella relación y la aceptaban sin ningún problema o prejuicio. De hecho en aquella época los flirteos entre chicas y los lazos románticos entre mujeres eran habituales en Japón. Prueba de ello lo era la cantidad de novelas del género Skurasu Esu –que capitaneó nuestra D& F de hace unas semanas, Yoshiya Nobuko-, que se publicaba.

Kokichi, profundamente fascinada por Reicho, se hizo cargo del diseño de las portadas de la revista Seito. La portada del número 4, de abril de 1912, reproducía un jarrón de madera diseñado por ella. Un sol negro de gran tamaño se elevaba por encima de aquel objeto con la inscripción Blue Stocking, en inglés. En el lenguaje de la crítica de arte, un jarrón negro simboliza los órganos sexuales de la mujer. Y aquella portada representaba el control de la propia sexualidad por parte de las mujeres, un concepto que no se desarrolló hasta los años 70, sesenta años después de que Kokichi diseñara la portada del jarrón negro. Por desgracia, en las primeras décadas del siglo XX en Japón nadie entendió que Kokichi fuese una pionera.

En aquella sociedad casi feudal la independencia de Kokichi llamó demasiado la atención en sentido negativo y provocó que ella y las mujeres de la revista fuesen víctimas de ataques por sus posturas feministas.

La historia de Kokichi y Hiratsuka acabó en el verano de 1912, porque Hiratsuka se sentía agobiada por las demandas afectivas de Kokichi y dudaba de los sentimientos de alguien que se podía enamorar tan rápidamente. “Deseo abrazarte y besarte pero más que eso deseo la soledad”. No obstante, las dos siguieron siendo amigas, aunque el proceso de invisibilización de las dos mujeres había empezado e iba a ser inexorable.

Una vez, Kokichi y unas amigas entraron en un bar del distrito de Yoshiwara, bebieron y se dejaron entretener por varias geishas en privado, algo reservado exclusivamente a los hombres, causando un gran escándalo que apareció documentado al día siguiente en los diarios. Las críticas a las llamadas ‘nuevas mujeres’ empezaron a surgir desde todos los sectores sociales de Japón.

La sede de la revista Seito fue víctima de ataques y sus colaboradoras recibieron amenazas de muerte. Sin embargo, contra más escribía la prensa acerca de ‘las nuevas mujeres’ más popular se volvía esta etiqueta y mayor número de mujeres se escondían de sus familias para leer en secreto la revista Seito.

En medio de esta tormenta mediática, Raicho conoció a Okumura Takeshi, un hombre más joven que ella, que le sirvió para cambiar la naturaleza de su relación con Kokichi. Fue el fin de esta última que, destrozada por esa circunstancia que significaba un punto de no retorno en su relación con Hiratsuka, abandonó el apodo masculino que utilizaba (Kokichi, púrpura) y, siguiendo las tradiciones de su familia, se casó en octubre de 1914 con el ceramista Kenkichi Tomimoto y pasó a llamarse Kazue Tomimoto.  Invisibilizó hasta su nombre.

La invisibilización como consecuencia de una opción individual, sí, pero hay dos aspectos más acerca de esta invisibilización que no tienen que ver con la decisión personal y casi diría yo visceral que tomó Kokichi.

Y se trata de aspectos que tienen que ver con los prejuicios.

Que los estudiosos hayan ignorado la relación lésbica entre Raicho y Kokichi se debe a que la primera la obvió en sus escritos biográficos llegando incluso a renegar de ella. La fuente principal de esta historia queda pues anulada.

“Es verdad que la excéntrica Kokichi Otake estaba obsesionada conmigo. Si se mira desde la perspectiva homosexual, es como si ella estuviera enamorada de mí. En cuanto a mí, aunque puedo haberme sentido atraída por su encanto, los sentimientos que sentía por ella no eran homosexuales.

Aunque el impacto de este encuentro no fue insignificante, no era un amor homosexual, como evidencia la forma en que Okumura llegó a mi vida robándome el corazón”, escribió Raicho invisibilizando de un plumazo, nunca mejor dicho, aquella relación lésbica.

En segundo lugar el proceso arqueológico para recuperar esta historia de mujeres se hace difícil porque fruto de la sociedad de la época, el feminismo japonés ignoró entonces -y sigue ignorando ahora- los aspectos políticos de la vida de Kokichi considerando que las relaciones entre mujeres eran simples pasatiempos de chicas jóvenes sin mayor trascendencia ni afectiva, ni emocional ni social ni política.

Sin embargo, podemos concluir en vista de lo que os acabo de explicar que, a pesar de los esfuerzos de Raicho y de un sector del feminismo japonés por hacer desaparecer del todo esa relación, la historia entre ella y Kokichi permanece imborrable en la historia de las mujeres japonesas.

Para saber más:

“Love Upon the Chopping Board”, de Marou Izumo y Claire Maree. Spinifex Publishers

“In the beginning woman was the sun: autobiographies of modern Japanese women writers”, de Livia Monnet (se puede descargar en internet, aunque pagando un precio elevado)

 

 

 

FacebookTwitterGoogle+Compartir

Tags: , , , , ,


Acerca de la autora



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir al principio ↑