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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el noviembre 27th, 2017 | por InOutRadio

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Desconocidas & Fascinantes: Gladys Bentley, el blues de la renuncia con Thais Morales

El caso de Gladys Bentley es un ejemplo de cómo la represión y el miedo pueden acabar, no sólo con una carrera fulgurante, sino y más importante, con una persona. Aniquilarla y dejarla reducida a una especie de sucedáneo de lo que debería haber sido. Disminuirla hasta convertirla en, eso, un blues triste y famélico, acerca de las vueltas que da la vida.

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Esta enorme, en todos los sentidos, cantante de blues nació el 12 de agosto de 1907 en Philadelphia, donde vivió una infancia no demasiado feliz. Gladys se sentía rara entre sus compañeros que se burlaban de ella por su exceso de peso y por su aspecto de marimacho. Y es que a Gladys, en aquel entonces, ya la volvían loca las mujeres, tal y como explicó en una entrevista que concedió al final de sus días. Para ella, esa preferencia no suponía ningún problema, pero sus padres no eran de su mismo parecer y decidieron buscar ayuda médica para su hija. Tal vez por eso, Gladys se fue de su casa con sólo 16 años.

Como muchos afroamericanos en aquella época, acabó en el Harlem neoyorquino, punto de encuentro de artistas, intelectuales y músicos. “Tenía la sensación de que había nacido siendo diferente. Al menos eso es lo que siempre pensé… Desde que puedo recordar, incluso cuando empezaba a andar, nunca me gustó que los hombres me tocaran. Pronto, empecé a sentirme más cómoda vestida de hombre que de mujer….”, explicó Gladys en una entrevista en la revista “Ebony”.

Estamos en los años 20 y 30, la época feliz y dorada de la Harlem Renaissance, cuando aquel barrio neoyorquino se pobló de gays, lesbianas y bisexuales y cuando los blancos acudían a sus locales llenos de curiosidad por lo que aquel submundo podía enseñarles.

En Harlem la tolerancia respecto a las inclinaciones sexuales era tal, que en aquella especie de república del arcoiris las lesbianas se casaban celebrando largas ceremonias en las que no faltaban las damas de honor y cientos de invitados (las licencias matrimoniales las obtenían masculinizando el primer nombre o consiguiendo que un gay las pidiera en su nombre).

En medio de este ambiente, Gladys se hizo con un espacio propio, actuando en fiestas, en locales de lesbianas y en bares clandestinos en los que se servía alcohol, como el Jungle Allen y The Clam House. Vestida de esmoquin y con sombrero de copa, flirteaba abiertamente con las mujeres del público mientras desgranaba, con su voz magistral y poderosa, las canciones de moda cambiándoles la letra por proposiciones e historias ciertamente indecentes. Su popularidad y su salario aumentaban a medida que su nombre aparecía en las columnas de espectáculos de los diarios (fue en esa época cuando le comentó a la articulista del corazón Lois Sobel que se había casado en Atlantic City con una mujer blanca). Gladys estaba de moda y su nombre se convirtió en sinónimo del Hot Harlem, es decir el Harlem más caliente. Su personalidad eran del tal envergadura, que fascinó a numerosos escritores e inspiró personajes de algunas novelas de la época, como “Parties”, de Carl Van Vechtens (1930), o “Deep river”, de Clement Woods (1934), y  “Strange brother”, de  Blair Niles (1931).

La derogación de la Ley Seca en los años 30 y la gran depresión, pusieron el punto final al “todo vale” y al espíritu de tolerancia que había dominado los años 20.

A pesar de ello, Gladys pudo continuar mimando a su audiencia homosexual: a principios de los 30 estaba en el Ubangi Club, rodeada por un coro de hombres vestidos de mujer. Pero en 1937, se vio obligada a mudarse a Los Angeles, donde empezó a vivir con su madre en un pequeño bungalow.

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Allí pudo mantener un poco más su fama, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial cuando empezaron a abrir numerosos bares gays en la costa oeste. Igual que hizo cuando llegó a Nueva York, Bentley logró conquistar un lugar propio en esa subcultura y muchas lesbianas iban a verla al Joquin y a El Rancho en Los Angeles, o el Monas en San Francisco, aunque fue detenida varias veces por actuar vestida de hombre. En esos años, Gladys grabó 5 discos para el sello Excelsior, incluyendo “Thrill me till I get my fill,” “Find out what he likes”, y “Notoriety papa” (es cierto que antes grabó para otros sellos, pero la fama que logró con sus actuaciones en directo no la consiguió con sus discos).

Y llegaron los 50, cuando la represión y el fin de la tolerancia alcanzaron su punto álgido y la caza de brujas del macartismo empezó a ser particularmente dura con los homosexuales.

Desesperada por mantener sus trabajos y consciente de que la etiqueta de lesbiana ya no estaba de moda, Gladys empezó a actuar vestida de mujer.  No sólo eso, sino que en 1950, escribió para la revista “Ebony” un artículo de título muy significativo: “Soy una mujer de nuevo” (I am a woman again). En él gritaba a los cuatro vientos que se había “curado del lesbianismo a través de un tratamiento con hormonas femeninas”, que se había casado con un columnista de diario llamado J. T. Gibson (que lo negó posteriormente) y que había encontrado la paz después de un “un infierno tan terrible como la adicción a las drogas”.

Tranquilas y tranquilos; respecto a dicho artículo, Eric Garber, en su libro “Hidden from history: reclaiming the gay and lesbian past”, escribe que muchos de los elementos autobiográficos del artículo en cuestión “suenan a falsos”. Incluyendo el tratamiento médico, su supuesto matrimonio y algunos detalles de su infancia como, por ejemplo, cuando dice que durante el embarazo, su madre deseaba con toda su alma que fuera un varón. Garber concluye que aquel artículo fue un intento por salvar su carrera en un momento en el que su forma de vida estaba amenazada.

Aunque pareció funcionar, al menos pudo seguir cantando, la estrategia de Bentley no le permitió reconquistar el éxito de antaño. Y eso que grabó varios discos para la discográfica Flame y tuvo dos apariciones en el programa televisivo que entonces tenía Groucho Marx. Se casó en 1952, en un matrimonio breve con un cocinero 16 años más joven que ella, Charles Roberts.

Igual que otra lesbiana famosa y rompedora, la cortesana y posteriormente monja Liane de Pougy, Gladys acabó sus días refugiándose en la iglesia como miembro devoto de la iglesia del The Temple of Love in Christ (algo así como el Templo del Amor en Cristo).

Después de una vida tan ajetreada, llena de música, espectáculo y mujeres,  Gladys Bentley murió en enero de 1960, a causa de una triste gripe.

Para saber más

En la web www.queerculturalcenter.org, encontraréis una detallada biografía de Gladys y un acercamiento histórico a la época en que vivió.

 

 

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