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Mujeres en Blog

Publicado el julio 15th, 2016 | por InOutRadio

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Mujeres en Blog: La pluma y la espuma, el blog de Clara Asunción García

 

LA PLUMA Y LA ESPUMA es el blog de la escritora Clara Asunción García, que cuenta con una dilatada obra a sus espaldas que seguramente conoceréis. Y si os hablamos de Cate Maynes, seguro que os suena también, por ser uno de los personajes más emblemáticos creados por ella.

C.A.García_blog

Pues bien, si esta semana os proponemos que os paséis por su blog es porque queremos recomendaros que leáis de nuevo a Clara Asunción García, pero no que leáis sus novelas esta vez sino más bien la entrada que publicó en su blog acerca de la piratería editorial y de cómo la afecta, hasta el punto de haber decidido que no continuará con la saga de Cate Maynes, como medida de protesta.

 

Vamos a dar lectura a este post, que se titula precisamente:

Cate no volverá. Dejo de publicar la serie de Cate Maynes

Llevo semanas dándole vueltas a cómo escribir este post. Iba a llenarlo de links y referencias a argumentaciones sobre el daño que está causando, a nivel económico, social y cultural, la piratería, escritas por personas más preparadas y sabias que yo, pero seguramente la mayoría iba a pasar de leerlo (no hay mayor ciego que el que no quiere ver), así que me limitaré a decir lo que he venido a decir.

Dejo de publicar una parte de mi trabajo, y lo hago empujada por el robo continuado del mismo. Un robo personificado en las descargas ilegales, los intercambios masivos en grupos privados, los plagios, la publicación no autorizada en páginas webs, y cualquier otro sistema que se use, tanto para apropiarse indebida e ilegalmente como para evitar pagar por él.

Dejo de publicar la serie de Cate Maynes. Sintiéndolo mucho, su continuidad queda en suspenso (el tiempo dirá si de forma definitiva).

No ha sido una decisión fácil, y no es lo que querría hacer, pero me veo empujada a ello. Sabéis que cuando me habéis preguntado por el siguiente libro de la serie, mi respuesta ha sido siempre apelar a vuestra paciencia. Os he dicho que es algo que me supone mucho trabajo y esfuerzo, que me lo tomo con mucha responsabilidad y que, por ello, necesito tiempo.

Sin embargo, no sabéis que había otra razón (que cada vez se ha hecho más poderosa, hasta el punto de convertirse en la principal) que callaba. Y es que, cada vez que me he sentado delante del ordenador para ponerme a trabajar en el libro, una pregunta ha ocupado mi cabeza (y, finalmente, mi corazón): ¿Para qué? ¿Para qué invertir dos años de tu vida en esta historia, si no vas a obtener el fruto de ese trabajo?

Antes de continuar, quiero pedir perdón a todas aquellas personas que sí hacéis lo correcto, adquiriendo mis libros de forma legal (esto es, comprándolos). Os lo pido a tod@s l@s lector@s que valoráis mi trabajo y lo apoyáis. Siempre lo he afrontado con muchísima ilusión y responsabilidad, y me siento muy afortunada de contar con un grupo de incondicionales lector@s, tan fieles como cariños@s con él.

A tod@s, gracias; gracias infinitas por vuestro apoyo, vuestros ánimos. Por estar al otro lado de las páginas. Cada palabra de aliento, cada halago literario, cada vez que me habéis escrito diciéndome que os ha gustado tal o cual libro, que esa historia o ese personaje os ha llegado, o simplemente que habéis disfrutado, que os ha entretenido, me ha hecho sentirme feliz, orgullosa de mi trabajo. Ha hecho que mereciera la pena cada día, cada minuto, cada segundo a solas delante del ordenador; cada sinsabor y cada quebradero de cabeza.

Sin vosotr@s, no habría sido posible. Quiero que sepáis que habéis sido l@s que habéis sostenido mis ganas de continuar, en todas y cada una de las ocasiones que he querido tirar la toalla (que no han sido pocas en todo este tiempo). De no ser por vosotr@s, sinceramente, lo habría dejado al segundo libro. Habéis sido una de las cosas positivas y maravillosas que me ha proporcionado mi aventura de escribir.

Pero, desgraciadamente, no sois la mayoría, y por eso os pido perdón. Os lo pido porque sé que con esta decisión pagan just@s por pecador@s. Pero junto a él os pido también vuestra comprensión. No sé si llegaréis a entender toda la rabia, toda la indignación, toda la impotencia que sentimos quienes nos dedicamos a esto cuando vemos, no solo que se nos roba el legítimo fruto de nuestro trabajo, sino que, además, se creen con derecho a hacerlo.

Si algo he tenido muy claro siempre es que sin lector@s no habría escritor@s. Ahora añadiría, con todo el dolor de mi corazón, la coletilla de «sin lector@s concienciad@s, que hagan lo correcto». Y lo correcto es comprar el libro, pagar por el trabajo y el esfuerzo que hay detrás, del mismo modo que se paga por unas zapatillas, un teléfono móvil, una cena en un restaurante o por una barra de pan.

Por eso, tomo esta decisión. A tod@s l@s lector@s que hacéis lo correcto, gracias. A tod@s, perdón. Todo lo que voy a decir a partir de ahora no va por vosotr@s.

Va por ti, que pirateas. Por ti, que te descargas un archivo no autorizado. Por ti, que perteneces a un grupo de intercambio de libros (sí, eso también es privarle a l@s autor@s de sus ingresos). Por ti, que te apropias de mi trabajo y lo plagias. Por ti, que lo subes a una página web, compartiéndolo sin autorización.

Si lees esto sin pertenecer a mi círculo virtual, probablemente no tengas ni idea de quién soy yo, ni quién Cate Maynes. Y lo veo lógico: no soy una gran autora, no soy mediática, no me respalda una gran editorial ni tampoco he sido lo suficientemente espabilada para sacar un boom «literario» (llámese saga erótica de cuestionable calidad o memorias de famosill@ de medio pelo).

Lo reconozco: no soy nadie. Tan solo, como yo con mucho orgullo me autodenomino, una ‘jornalera de las letras, de la pluma’. Mis historias no salvan vidas, y probablemente ni ganarán premios ni pasarán a los anales de la historia de la Literatura. Básicamente, soy una más de entre tant@s que luchamos por encontrar un hueco en este mundo de contador@s de historias. Me conoce quien me conoce, y punto. En este supermercado de masas, donde resulta que ahora todo el mundo es escritor/a, no soy más que alguien que intenta encontrar su rincón. Una mota de polvo en el universo, puedes verlo así.

Pero resulta que es mi rincón del universo, mi trocito de mundo, mi forma de estar en él. Y, en ese sentido, escribir es la forma que he elegido para (intentar) ganarme la vida.

Porque quiero que eso quede bien claro: escribir es mi trabajo. No es un hobby, no lo hago por amor al arte, no lo hago por afición. Escribir es mi pasión, mi ilusión, el motor de mi vida, sí; pero también mi modo de ganarme la vida. Escribo para comer. Del mismo modo que tú vas a tu puesto de trabajo cada día, yo lo hago colocándome delante del ordenador y enfrentándome al folio en blanco.

Por ello, creo legítimo y justo cobrar por ese trabajo. Siempre lo he dicho y siempre lo diré: jamás obligaré a nadie a que compre mis libros si no le gustan. Jamás. Pero si es así, exijo que se pague por ellos.

Mi tiempo, mi esfuerzo, mi talento.

Sin embargo, sé que nada de lo que yo pueda decirte va, al parecer, a convencerte. Ya lo he intentado, y mis intentos, en su inmensa mayoría, han caído en saco roto.

Tú vas a seguir pirateando, robando, plagiando, descargando, compartiendo e intercambiando de forma masiva, y nada de lo que yo, o cualquiera de mis compañer@s escritor@s te podamos decir, va a cambiar eso. Lo vas a seguir haciendo, simplemente porque puedes. Porque la tecnología te lo permite. Porque en este país no se persigue la piratería como es debido, ni se toman las medidas oportunas.

Porque es fácil, anónimo y sin consecuencias.

Y porque no tienes conciencia. No la tienes, cuando te apropias del esfuerzo y la ilusión de un/a escritor/a, cuando le robas la posibilidad de ganarse la vida. Porque eso es lo que haces cuando con un simple click te descargas el archivo no autorizado de un libro, cuando lo compartes de forma masiva en un grupo de intercambio: se llama robar.

Todos mis libros, todos, han sido robados de forma sistemática desde el minuto uno. Mi tiempo, mi esfuerzo, mi capacidad, mi trabajo, el de un sinfín de personas más, a la basura. Sin más. Con un solo click. Con total impunidad. Sin sentimiento de culpa. Porque puedes, porque es fácil, porque es anónimo y porque, oye, todo el mundo lo hace, ¿no?¿No?

Pues no sabes cuánto daño hace eso. Cuán injusto es. ¿No lo sería, si a final de mes, por ejemplo, en tu trabajo no te pagaran? ¿No te jodería, si tu jef@ llegara y te dijera, con todo el descaro del mundo: «No te pago porque no me apetece. Porque puedo aprovecharme de tu trabajo de forma impune y desde luego no voy a ser tan imbécil de pagar por algo que puedo conseguir gratis?».

¿No?

Yo creo que sí.

Pues ahora imagínate cómo nos sentimos quienes nos dedicamos a esto. Cómo nos podemos sentir de indignad@s e impotentes ante esta práctica que, lejos de extinguirse, por el contrario se consolida, se asienta, hasta casi convertirse en un derecho.

Y no lo es, porque robar nunca lo ha sido. Para mí, solo robar para comer está legitimado. Pero robarle a alguien el fruto de su trabajo me parece una indignidad.

Tal vez, fíjate, hasta seas alguien comprometid@. Quizás seas un/a amante de la Naturaleza, que sufre con la desaparición de los espacios naturales. O un/a defensor/a de los derechos de los animales, o te horrorices con el drama de l@s refugiad@s siri@s, o te indignes con las mil y una injusticias de este mundo.

Y, sin embargo, a mí me robas. A mí, que no puedo defenderme. Y te quedas tan campante. De hecho, ni siquiera crees que sea nada malo, ¿verdad? Ni tampoco eres consciente de que, en esta película, el/la malo/a eres tú. Tú el/la que abusas de alguien indefenso.

Porque, hoy por hoy, l@s débiles somos nosotr@s. Porque, hoy por hoy, no tenemos forma de defendernos. Porque en este país no hay un verdadero propósito de acabar con la piratería, y de eso te estás aprovechando. Porque podremos denunciar mil y un páginas, que al día siguiente mil y una volverán a aparecer. Y si ves que este sistema ya no te funciona, buscarás otras formas de conseguir los libros sin pagar. ¿Tal vez a través de grupos cerrados, webs privadas, en las que centenares, miles de usuari@s intercambiáis archivos?

Tal vez.

Pues así, llega esta decisión. Porque no encuentro otro modo ya de que no me robes. Porque ya no sé qué más hacer. Te he ofrecido puntualmente mi trabajo de forma gratuita o rebajada. Me has dicho que es por el coste y he puesto mis libros autopublicados a precios más que razonables.

Pero nada parece suficiente. Sigues robándome, y solo puedo llegar a una conclusión: lo vas a seguir haciendo haga lo que haga, te ofrezca lo que te ofrezca, y lo vas a hacer porque, básicamente, tú lo que quieres es tenerlo todo por la cara. Alguien te ha dicho que el acceso a la cultura ha de ser gratis, y tú te lo repites como un mantra para justificarte, cuando lo cierto es que debe ser, sí, de libre acceso, pero nunca gratuito porque, de otro modo, ¿de qué íbamos a vivir quienes producimos cultura?

Y, también lo haces, finalmente,  porque ves que no hay consecuencias. Ni legales ni morales ni de hecho. La ley no te persigue; encima, te sientes respaldado porque, por desgracia, es una práctica no censurada socialmente y, además, l@s escritor@s somos tan idiotas de seguir publicando esos libros que te apresuras a conseguir de forma fraudulenta.

Y ni siquiera te paras a considerar que la razón de esto último pueda deberse, por ejemplo, a que much@s de nosotr@s no tenemos otro medio de vida. Que, aunque sea una miseria, lo poco que ganamos con nuestro trabajo lo necesitamos. Y si podemos sacar un libro al año, bien. Si son dos, estupendo. Y si son tres, pues quizás hasta dé para pagar algún que otro recibo.

Tu ética y tu conciencia escapan a mi control. Siempre que he intentado apelar a ellas has hecho oídos sordos, y del poco respaldo político e institucional a la lucha contra la piratería prefiero no hablar, porque también es algo que escapa, no ya solo a mi control, sino también a mi entendimiento.

Así, solo me queda una cosa que puedo hacer, lo único que puedo controlar, la única defensa posible: proteger mi trabajo no poniéndolo a tu alcance. 

Si no lo publico, no podrás robármelo.

Es absurdo, lo sé, porque con esta decisión (triste para mí, no sabes cuánto) estoy tirando piedras contra mi propio tejado: ganaré una miseria con mi trabajo, sí (que, sin embargo, está descargado y compartido de forma ilegal o no autorizada en cifras que alcanzan las miles de unidades), pero cada euro que pueda ganar con él lo necesito. Porque tal vez creas que soy una potentada que se está forrando con esto, y que esa equivocada idea sea uno de tus argumentos para piratear.

Pues déjame decirte que nada más lejos de la realidad (la mía y la del 99% de quienes nos dedicamos a esto). Para explicártelo, solo te daré una cifra: 708. Setecientos ocho euros, esos han sido mis ingresos de este año por mis derechos de autor, por las ventas de todos mis libros durante 2015.

Porque no sé si sabes que el 99% de nosotr@s solo cobramos por venta realizada. Esto es, por cada libro que se vende. Libro que no se compra, ingreso que no recibimos por él. 

Y que cobramos una vez al año, ¿lo sabías?

Pues ahora sí.

De modo que, si tienes trabajo, y en ese trabajo cobras más de 59 € mensuales y esos ingresos los recibes cada mes, que sepas que, para mí, eres tú el/la potentad@.

Pero no te preocupes, no iré a tu lugar de trabajo a robarte. Si, por ejemplo, trabajas en una tienda de lámparas, no entraré en ella, me haré con una y me iré sin pagarla, con todo el descaro del mundo, argumentando, por ejemplo, que la tenéis a un precio muy caro (quizás es que sea especialmente bonita, o sus materiales más costosos, o su elaboración artesanal o que nadie más, o muy pocos, se dediquen a hacer ese tipo de lámpara en particular), o porque esté convencida de mi derecho al acceso (¡gratuito, por supuesto!) a la luz que emite.

No, no lo haré, porque el derecho en el que creo es al que tienes tú a ganarte la vida con tu trabajo. Y si quiero esa lámpara, pagaré por ella, y si es cara, pues ahorraré para tenerla, porque valoro el esfuerzo que hay detrás para idearla, fabricarla, distribuirla, venderla; valoro el esfuerzo por ofrecerme algo acorde a mis gustos, quizás minoritarios y que la producción para un público inmensamente mayoritario no se va a molestar en hacer para mí. Lo haré para pagar el sueldo del/la diseñador/a, el de tod@s l@s operario@s de la fábrica que han intervenido en su creación, el del transportista, el del/la dueñ@ de la tienda y el tuyo de dependient@.

Pero sé que, por desgracia, todo esto no servirá de nada. Que tú no te concienciarás, que pasarás de leer esto (much@s lo habrán hecho ya a estas alturas) o, si lo haces, de lo que pasarás es de hacer algo. Ya me lo han hecho saber las pocas personas que sabían que iba a tomar esta decisión. Me preguntaron: «¿Y qué pretendes conseguir con eso?». Y yo les dije: «Concienciar».

Sus bufidos de escepticismo (y sus caras) lo dijeron todo. Y sus palabras, después:

«No vas a conseguir nada».

«Es como luchar contra molinos de viento».

«No te van a hacer ni puto caso, esto está ya demasiado extendido».

«Dedícate a otra cosa».

Y sí, probablemente, tienen razón. Es una lucha perdida de antemano. Pero no puedo dejar de intentarlo. No puedo dejar de defender mi trocito de universo.

Porque me parece muy triste, muchísimo, que much@s de nosotr@s tengamos que renunciar a la pasión de nuestras vidas solo porque otr@s se crean con derecho a pisotearla ninguneándola, minusvalorándola, despreciándola.

Porque, sencillamente, no le otorguen a la cultura el valor que se merece.

Y lo peor de todo es que una parte tristemente numerosa de lector@s a quienes va dirigido mi trabajo es precisamente quien no está haciendo lo correcto para ayudarme a continuar haciéndolo. Porque, al parecer, les gusta, pero no parecen dispuest@s a pagar por él.

Cuando hace más de un año redacté la dedicatoria de mi más reciente novela publicada, Tras la coraza, ya era (lamentablemente) consciente de que este momento iba a llegar, y por eso cada palabra de esos agradecimientos está escrita con toda la intención del mundo (y cariño, en la primera parte de la misma):

Por mi parte, la ilusión se empieza a agotar. Pero la decisión que hoy tomo no es en absoluto precipitada, ni fruto de un «rebote». Como veréis, ha sido muy, muy meditada, durante mucho, mucho tiempo.

Y si eres alguien que alguna vez ha leído alguna, o varias, de mis historias y te han gustado, y después has buscado más y tanto unas como otras las has conseguido sin pagar por ellas, aun pudiendo permitírtelo, quiero que sepas que esta es la consecuencia directa de tus actos.

Nunca imaginé, cuando empecé en esto, que tendría que luchar en tantos frentes ajenos al hecho intrínseco de escribir. Algunos, previsibles (hacerme un hueco en un panorama a día de hoy tan saturado), pero otros tan indeseados como dolorosos (lidiar contra quienes me roban impunemente o no son conscientes del daño que hacen).

Llegué a este mundo de la escritura con ilusión y ganas de hacerlo bien, y siempre, siempre, me he sentido responsable ante mis lector@s, ante quienes invierten sus expectativas, su tiempo y su dinero en mi trabajo. He tratado de hacerlo lo mejor posible, de aprender cada día, de sacar el mejor producto (y un libro lo es. Un producto emocional, pero un producto al fin y al cabo). Si no lo conseguí, al menos sabed que me esforcé al máximo, y que en todas y cada una de las ocasiones que recibisteis mis historias con confianza y entusiasmo he sentido tanto la alegría y la satisfacción como el peso de la responsabilidad y el miedo a defraudar vuestras expectativas.

Pero en esos frentes que menciono, el más triste de ellos, el más agotador, devastador, ha sido la lucha interna, contra mí misma: contra el desánimo, la desazón, la rabia y la impotencia.

Contra la desilusión, el desencanto.

Pero no pienso consentir que mates lo que llevo dentro. Será para ti, tal vez, algo intrascendente, una mota de polvo, una gota en el océano, pero es de lo que estoy hecha.

Tomo esta decisión, sí, para tratar de hacer comprender las consecuencias de la piratería, pero también para intentar preservar todo eso dentro de mí.

Porque era esta decisión, o dejarlo del todo.

Como te he dicho, probablemente no sepas ni quién soy yo ni quién mi personaje Cate Maynes, y tan perfectamente como hasta ahora has vivido sin ninguna de las dos, lo seguirás haciendo.

En resumen, te importará un bledo que Cate esté o deje de estar.

Solo te diré que, para mí, es una de las partes más valiosas de mi trabajo; la que más esfuerzo me supone, sí, pero también la que mayor ilusión. Simplemente, amo ese personaje y había imaginado todo un futuro para ella. Iba a ser esa parte de mí hecha palabras que me iba a acompañar durante (pensaba yo) mucho tiempo.

Renunciar a ella es como arrancarme un pedazo de lo que soy, pero precisamente por el valor que le otorgo a mi trabajo es por lo que prefiero dejarlo en un cajón antes que verlo minusvalorado.

Y hoy soy yo, una doña nadie, la que renuncia a publicar parte de su trabajo, sí, pero mañana puede ser tu escritor/a favorit@ quien tome esa decisión, del mismo modo que está ocurriendo ya que libros en otros idiomas están dejando de ser traducidos y publicados en castellano porque sus editoriales no quieren publicar en España.

Porque somos un país que pisotea la cultura, la ningunea, y con ello, a sus creador@s.

Y quizás pienses eso tan manido de Bah, por uno… Ni se notaráPero es que no eres solo tú, y lo sabes. Eres tú, y él, y ella, y aquellos, y aquellas, y vosotras, y vosotros…

No voy a insistir más. Si es tu deseo, esto te habrá llegado, pero, si no, nada de lo que pueda decirte te hará cambiar de opinión. Seguirás sin hacer caso de personas como yo, o de campañas como las deCrea Cultura, sin ser consciente de que, sí, está en tu mano.

«…Para seguir disfrutando con sus historias.»

Solo quiero despedirme volviendo a daros las gracias, y pediros perdón, a tod@s l@s que me habéis apoyado este tiempo. Os voy a pedir, por favor, que sigáis haciéndolo. Voy a seguir escribiendo y publicando, porque sigue siendo lo único que tengo, a día de hoy, para ganarme la vida, y porque siento que todavía llevo dentro muchas historias que contar. En ese intento exploraré nuevos caminos, nuevas vías, y solo espero que comprendáis mis razones y me acompañéis también en ellos.

Y si algún día toda esta terrible lacra desaparece, Cate volverá.

Os lo prometo.

Gracias por estar al otro lado de las páginas. Gracias por hacer lo correcto.

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Por cierto, tienes mi permiso para apropiarte de este texto y difundirlo, compartirlo, colgarlo, replicarlo, descargarlo, plagiarlo, modificarlo, adaptarlo o lo que quieras hacer con él, tanto a modo individual como colectivo.
Para eso sí tienes mi permiso.

Esta no es la primera vez que hablo en este blog del problema de la piratería y sus consecuencias. Si quieres saber qué más he dicho, te invito a que te pases por estos links:

‘Escribir, vivir’

‘Está en vuestras manos’

‘Y esto es lo último que voy a decir’

‘Así no se puede seguir’

‘Gracias por hacer lo correcto’

Y recuerda: si tú también quieres hablarnos de tu web o blog, envía la dirección a info@inoutradio.com y lo incluiremos en la sección MUJERES EN BLOG. Y si quieres, incluye el link de InOutRadio en tu blog.

 

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