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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el febrero 16th, 2015 | por InOutRadio

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Desconocidas & Fascinantes: Duquesa roja, duquesa enamorada por Thais Morales

“La mujer que quiere ser libre lo ha sido desde la Edad Media, pero esa libertad se conquista con la actitud, día a día”. Isabel Álvarez de Toledo.

Aparte de los conflictos con sus tres hijos, con los que la prensa se ha cebado en un claro intento por malignizar y estigmatizar a la duquesa roja, lo cierto es que esta mujer logró convertirse en una lesbiana visible, aristócrata, comprometida y enamorada, es decir en un extraño referente del siglo XXI que, no hay duda, tenemos que revisar desde el estudio de radio de D&F.

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Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, la duquesa de Medina Sidonia, que tiene nombre como de grupo de música culta y contemporánea, nació en Estoril el 18 de agosto de 1936. Para entender el grado de aristocracia de esta mujer, vale la pena recordar que Luisa Isabel se vistió de largo al lado de la hermana del rey Juan Carlos, la infanta Pilar. Era, sin duda, un buen partido. Huérfana de madre desde los 10 años, en 1955, sólo unos meses después de haberse casado con José Leoncio González de Gregorio y Martí, murió también su padre convirtiéndose en la depositaria de una larga lista de títulos nobiliarios. En total, once títulos en Italia y seis en España, tres de ellos con categoría de Grandeza: el marquesado de Villafranca del Bierzo, el marquesado de los Vélez y el ducado de Medina Sidonia, sin duda  la joya de la casa por ser el más antiguo del país, ya que fue concedido en 1445. Luisa era, además, biznieta del eminente político Antonio Maura, que fue cinco veces presidente del Gobierno.

Luisa Isabel compaginaba todos estos títulos, condados y marquesados con su militancia republicana. Sin embargo esta militancia no garantizaba la coherencia personal de la Duquesa Roja, una mujer que se movía entre contradicciones que la hacían tan imperfecta como humana y tanto podía arremeter contra los privilegios del rey como contra Santiago Carrillo, y mientras siempre criticó las religiones, responsabilizando a los dioses de los grandes conflictos de la humanidad, en su lecho de muerte acabó pidiendo la extremaunción. En medio de estas incoherencias, la duquesa tuvo tres hijos antes de separarse, Leoncio, Pilar y Gabriel, que no entendieron ni los compromisos –participó en la defensa de los agricultores que exigían indemnizaciones tras el accidente nuclear de Palomares en 1966 y fue encarcelada por ello-  ni las posturas de su madre, que se exilió en 1969 en Francia, dejándolos al cuidado de su abuela. La publicación de un libro, ‘La huelga’, la obligó a cruzar los Pirineos para evitar de nuevo la cárcel. En ‘La huelga’, la duquesa Medina Sidonia criticaba sin tapujos a la sociedad franquista y retrataba el caciquismo, el paro, el hambre, los abusos y la persecución que soportaban los agricultores andaluces. Cuando el Tribunal de Orden Público emitió sentencia condenatoria, ella ya estaba en Francia. Regresó tras la muerte de Franco, en 1976, para instalarse en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, donde vivió hasta su muerte en marzo de 2008. Y en todo este tiempo, se encargó de modo absoluto y apasionado, de ir descubriendo y organizando los documentos históricos que habían ido reuniendo sus ancestros -el más antiguo data de 1128- hasta sumar un fondo de seis millones de títulos y ser el archivo privado más voluminoso de Europa.

Sólo con el mayor de sus hijos logró limar asperezas antes de morir. A Pilar y a Gabriel, en cambio, les prohibió que entraran en su residencia. “A mis hijos siempre les dejé clara dos cosas”, explicó la duquesa en una entrevista. “Una, que la gente ha de ser honrada y vivir de su trabajo; y dos, que tener título es peligroso porque corres el riesgo de creerte el cuento y convertirte en cuentista”.  En la mala relación con sus hijos tuvo que ver su huida a Francia y también su lesbianismo, especialmente su relación de más de veinte años con  Liliane María Dahlmann, su viuda.

La duquesa de Medina Sidonia y Liliane se conocieron el 12 de diciembre de 1983, en la boda del hijo mayor de la aristócrata, Leoncio. El primer encuentro fue suficiente para que las dos mujeres, a pesar de la diferencia de edad, se enamoraran sin remedio. Liliane -entonces una historiadora veinteañera, de origen alemán, que vivía en Cataluña- salió de la celebración fascinada por aquella mujer de 47 años, que reunía tres adjetivos cuya combinación es evidentemente seductora: culta, rebelde y elegante. Liliane admiraba a la duquesa y desde el día en que se conocieron ambas trabajaron codo con codo por un sueño común: crear una Fundación -la Fundación Casa Medina Sidonia, que instituyeron en 1990- que protegiera el inmenso patrimonio documental familiar.

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Rebelde hasta el final, tres días antes de morir, la duquesa de Medina Sidonia hizo llamar a un juez para casarse con Liliane, su secretaria y su compañera desde hacía más de dos décadas. Aunque se ha especulado acerca de esta boda (se dijo que se celebró para que Liliane quedara en una buena situación), lo cierto es que las dos mujeres contrajeron matrimonio por amor. Si no se hubiesen casado, Liliane, secretaria vitalicia de la entidad, iba a heredar igualmente la presidencia de la Fundación porque así queda recogido en los Estatutos.

Dahlmann fue una especie de alter ego de la duquesa, por lo que es imposible entender sus vidas, sus artículos y sus trabajos por separado. Fue Liliane -y no sus hijos- quien veló a la duquesa y quien, ahora, cuatro años después de aquella despedida, sigue manteniéndose en un segundo plano, evitando que su vida privada pueda afectar los intereses de la Fundación que con tanto esfuerzo e ilusión, creó junto a la duquesa. Una prueba más de su amor. De una historia de lesbianas, duquesas y rojas.

Bibliografía

‘El caso Medina Sidonia’. Iñigo Ramírez de Haro. La esfera de los libros.

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