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Delirium Premens

Publicado el agosto 7th, 2014 | por InOutRadio

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Delirium Premens: ‘La primera regla’

La primera regla es un momento delicado en la vida de toda mujer, porque, entre otras cosas, nos pilla en un momento de inmadurez en que somos fácilmente influenciables por el entorno cultural y, sobre todo, por la familia, y dentro de la familia, especialmente por la madre. Casi se podría decir que nuestra vivencia de la primera menstruación depende de cómo la vivió nuestra madre en su momento. Por suerte, tenemos a las amigas; siempre hay alguna que ya se ha iniciado antes que nosotras y está en disposición de guiarnos, aunque solo sea un poco…

Debe ser que España es muy católica, a pesar de que la Constitución establece que es un país laico. Si no, no se entiende que aquí se dé tanta importancia a la primera regla de las mujeres, casi tanta como a la Primera Comunión, o incluso más. Cuando menstruamos por primera vez, es como si entráramos en otra dimensión, y no por la regla en sí sino por todos los efectos y daños colaterales que conlleva. Y todo empieza en el momento en que la niña dice a su madre: “mamá, creo que me ha venido”. Si las niñas fueran conscientes de lo que esta frase desencadena, seguramente se callarían, no dirían nada acerca de su nueva condición y seguirían con su vida como si tal cosa. Pero, como no tienen ni idea de lo que les vendrá encima, lo cuentan, ¿qué van a hacer si no, las pobres? Santa inocencia…

Una vez pronunciada la frase maldita, la madre pone en marcha un dispositivo digno de las mejores películas de ciencia ficción. En primer lugar, llama a todas sus parientes y amigas de sexo femenino para contárselo: “¿Engracia? Hola, bonita, ¿todos bien por ahí? Mira, que la niña ya es mujer, ¿no es fantástico?”. Y claro, la niña se muere de vergüenza, vergüenza propia por ser el motivo de los comentarios, y vergüenza ajena por tener una madre tan cotilla.

Luego vienen las explicaciones sobre los “peligros” de ser mujer, que se resumen en uno solo: “mucho cuidado con los chicos, porque ahora te puedes quedar embarazada”. En este aspecto, las chicas lesbianas juegan con cierta ventaja, tanto si a esa edad son conscientes de su orientación sexual como si no lo son. Si lo saben, pensarán que su madre es una ilusa y que no tiene por qué preocuparse, porque no tienen la más mínima intención de acercarse a los chicos. Y las que no lo saben pero apuntan maneras no mostrarán demasiado interés en los especímenes de sexo masculino, así que tampoco se van a arrimar mucho a ellos. Total, que las que lo tienen más crudo son las pobres chicas heterosexuales… ¡Cualquiera se plantea iniciarse en el sexo después de semejante advertencia!

La última parte del ritual consiste en adquirir el material de primeros auxilios, y ahí es donde la madre suele perderse, porque seguramente utiliza las mismas compresas y los mismos tampones —si es que usa tampones—, desde hace décadas y, por lo tanto, no está al corriente de las últimas innovaciones ni de las mil variedades que inundan el mercado actualmente. Por eso, lo mejor que puede hacer la hija en esta situación es ir sola al supermercado y buscarse la vida como pueda, contando con el apoyo de alguna amiga ya iniciada. De lo contrario, corre el riesgo de escoger las compresas equivocadas o, peor aún, utilizar la misma marca que su madre, por imitación. Afortunadamente, con el tiempo todas aprendemos a distinguir marcas, modelos, formas, colores y olores, a valorar la conveniencia y la utilidad de las alas y a saber si necesitamos o no aplicador… ¡Qué bonito es ser mujer!

(vídeo Youtube: “Anuncio Ausonia”)



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