Síguenos en:

Actualidad LGBTQI

Publicado el noviembre 28th, 2017 | por (Admin) Ana Satchi

0

KtSaLES: Samantha Flores, la mujer trans de 84 años que quiere crear el primer albergue para personas ancianas LGTB en México


Leemos en la revista Vice la historia de Samantha Flores, una mujer trans de 84 años que quiere crear el primer albergue para ancianxs LGTB en México:

Samantha Flores García nació en el año de 1932 en Poza Rica, Veracruz. En aquel tiempo sólo había de dos sopas: azul para los varoncitos y rosa para las niñas. Hija de un obrero y de un ama de casa, tuvo una infancia feliz y sin sobresaltos, hasta que en la secundaria se dio cuenta de que era distinta. Hoy, ataviada en un vestido rojo que hace juego con sus labios, pocos imaginarían que hace ya casi 85 años, esta mujer de memoria impresionante y respuestas sagaces, nació bajo el nombre de Vicente Aurelio. 

“Cuando me di cuenta de que era diferente tenía 13 años; fue un shock y se me vino el mundo encima. Tuve entonces mi primer novio: era un gimnasta 6 años mayor que yo que primero fue mi amigo, hasta que un día no pude más y después de una matiné a la que fuimos juntos, me volteé para darle un beso y así empezamos a ser novios, hasta que nos descubrieron. Él y yo teníamos un pacto: si nos encontraban en mi casa, yo le echaba la culpa, y si nos encontraban en la suya, él me echaba la culpa a mí. Como mi mamá fue la que nos cachó besándonos, a él le tocó asumir la responsabilidad. ‘¡Si tú papá lo sabe los mata!’, fue la reacción alarmada de mi mamá. Mentira: mi papá nunca me hizo nada, pero ese fue el primer golpe de realidad; ahí supe que el camino no iba a ser tan fácil”. 

En la preparatoria, ya sin la protección de su primer novio, tuvo que enfrentar el bullying, que en aquel entonces ni siquiera se conocía así. “Cuando decían, ‘Flores, al pizarrón’ y pasaba yo a resolver los ejercicios, comenzaban los silbidos: ‘¡Fiu, fiu! ¡Fiu, fiu!, porque yo era un muchachito muy mariconcito y afeminado. Tuve que ponerme “lipsta” y escoger a los amigos más populares para que así no me molestaran. Sólo así la cosa cambió y pude sobrellevar la situación”. 

Para escapar de su pueblo chico, donde todo se sabía y se murmuraba, escogió estudiar en la Escuela Bancaria y Comercial la carrera de Contador Público. Fue la primera vez que se aventuró a vivir en la Ciudad de México, pero no lo logró y regresó a su tierra. Cuando creyó que estaría condenada a vivir para siempre en una tierra que oprimía su libertad y donde se sentía señalada, por un golpe de suerte se ganó un coche en una rifa en el trabajo donde estaba, y sin pensarlo dos veces lo vendió para comprarse un boleto a Estados Unidos. 

“Ahora que lo pienso no es que quisiera irme de mi tierra, que es un lugar maravilloso. Más bien sentía que necesitaba salir de su ambiente machista, pesado y represivo donde no podía ser yo misma”. Después de Estados Unidos, la vida la llevó a Acapulco, a Madrid y de nuevo a la Ciudad de México, donde además de desempeñarse en labores relacionadas con la hotelería, conoció a mucha gente del teatro. “Ahí sentía que sí podía ser yo; había mucha gente gay. Conocí a Alma Muriel, a Angélica María, a Lilia Prado. Gracias a mi buena estrella transcurrió bonita la vida. Fue en este entonces que conocí a la Xóchitl, y entonces mi vida cambió para siempre”.

(…)

Fue precisamente Xóchitl la que incitó al entonces Vicente a que se vistiera de mujer por primera vez. “A mí nunca me había pasado por la cabeza, pero Xóchitl quería que un grupo de sus amigos en una sus fiestas nos convirtiéramos en sus damas. Y aceptamos. Para vestirnos decíamos: ‘ay, pues yo le robo un vestido a mi hermana’, ‘ay mi mamá tiene dos sacos, yo le robo uno’, ‘ay yo tengo una amiga muy linda que tiene pelucas, le voy a decir que me las preste’, y así nos hicimos de nuestro vestuario. Todo era prestado, lo único que nos compramos eran las pantimedias (…)”.

(…)

Un buen día, a Samantha le propusieron hacer un libro sobre su vida, sobre lo visto y lo vivido a lo largo de más de 50 años. De su vida como personaje queer en la Ciudad de México. “Al principio no quería, no le veía el caso. Seguro hay películas porno más interesantes que lo que yo les pudiera contar. Pero me convencieron y en eso estábamos, y platicando sobre mis experiencias e inquietudes salió una especie de sueño o ilusión, que era la de tener un albergue para ancianxs gais”. 

Para Samantha es claro que si bien lxs ancianxs en México son un sector olvidado, abandonado y discriminado, lxs ancianxs de la comunidad gay lo son por partida doble. “El adulto mayor LGBTTTIQA para la sociedad simplemente no existe, es invisible. Y esto es algo que tiene que cambiar. Por fortuna hay gente valiosísima que me ha apoyado a ir dándole forma a este sueño. Hace poco lanzamos una campaña en Donadora, gracias a mi amigo Alex Villalobos y a la compañía en la que él trabaja, que se involucraron mucho con el proyecto”.

(…)

A pesar de que este proyecto ya reunió los fondos suficientes para iniciar, ahora está en proceso la búsqueda de un lugar accesible y bien comunicado, de preferencia cerca de un metro y metrobús (al que lxs adultxs mayores acceden de manera gratuita). Y si bien el lugar en primera instancia operará como “casa de día” —puesto que el papeleo para transformarlo en un albergue que opere las 24 horas requiere mucho papeleo y además mucho más presupuesto—, Samantha no dejará de insistir y espera que más temprano que tarde, México cuente con el primer albergue LGBTTTI gratuito a nivel mundial.

Interesante artículo y muy interesante la vida de Samantha Flores. Podéis leer el reportaje íntegro en este enlace a la revista Vice:

 

 

FacebookTwitterGoogle+Compartir

Tags: , ,


Acerca de la autora



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir al principio ↑