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Tírate a la Filosofía

Publicado el febrero 10th, 2015 | por InOutRadio

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Tírate a la Filosofía: Despertar Naciendo con Carrie Romero y Critti Ciruelos

– ¡Hola a todas y a todos! Aquí estamos otro martes más!!!

– ¡HOLA CHICAS! LA SEMANA PASADA OS FUISTEIS DEJANDO UNA PREGUNTA EN EL AIRE, ¿VERDAD? 

– ¡Exacto, Satchi! Buenos días,¡ veo que estás atenta a lo que decimos!

– Pues, ante el requerimiento del Amor preexistente, le vamos a ser fiel y vamos a rescatar el ser escondido, el que nos reconducirá al Uno.

– Frente al camino de la razón sistemática de la filosofía, del que hablamos la semana pasada, Zambrano nos invita a transitar otro camino, el de la Razón Poética.

– Que es el único que nos va a permitir “despertar naciendo” a nuestro ser.

– En Claros del bosque la autora nos describe el itinerario que recorre el “amigo del bosque”, que  avanzando a ciegas y pasivamente, en el trayecto, alcanza el conocimiento y se entrega definitivamente a la verdad.

– Nos muestra la senda para lograr una vita nova, una transformación interior. Así que podríamos considerar esta obra como una guía, una forma de pensamiento cuya acción esencial es transformar la vida de otro en contacto con ciertas verdades.

– La verdad, explica, no puede ser sólo conocida sino que tiene que ser también asimilada, y esa asimilación conlleva siempre una transformación interior, un cambio total de la persona que le permitirá abrirse paso en lo caótico de su existencia.

– Como vemos, es un tipo de pensamiento totalmente opuesto a la forma sistemática que veíamos la semana pasada. Para ella, el pensamiento se reduce al mínimo grado de abstracción y universalidad, es un saber práctico para el individuo concreto al que se dirige. Nada de considerar al hombre en su generalidad.

– Se trata de una razón humilde, sin grandes pretensiones, las justas para hacer del pensamiento un cauce de vida, para que las verdades sean convicciones que sustenten la vida.

– Esas verdades que te llegan cuando menos te lo esperas, que un día de golpe te hacen” paf” en toda la cara, y te das cuenta de que…no puedes girar la mirada…no puedes no verlas, porque te estás engañando.

– “El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así…”

– “…No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido.”

– En Claros del Bosque, como esta guía de la que hablábamos, se lleva a cabo un doble cometido. Por un lado la autora nos expone un saber de experiencia, un saber padecido, una razón en la que se entrelazan pensamiento y sentir.

– Nos comunica una serie de “iluminaciones”, que podríamos decir que son como instantes privilegiados en los que la verdad se le ha revelado de manera gratuita, sin ser forzada.

– Gracias a una transformación interior que ha hecho que el alma o el corazón pueda ser receptáculo de esa verdad.

– Se trata de su propia experiencia, que también sería el segundo cometido de la obra, su trayectoria espiritual, marcada por la experiencia del exilio y el desasimiento  que supone.  Sería un ejemplo a emular por todos los que hayan sentido también esa “llamada” del Amor preexistente.

– Esta obra sería un tratado del método –de hecho, parece que así se titulaba originariamente: Notas de un método-, ya que se nos presenta como un camino a seguir por aquellos que ya se sienten obligados por la cuestión espiritual.

Zambrano se dirige especialmente a las almas ya comprometidas en esa búsqueda, a las personas que se encuentran ya encaminadas al principio de la senda.

– Dice Gregorio Gómez en La Aurora de la razón poética que la filosofía de la Razón Poética  no es sólo un amor a la sabiduría, sino una sabiduría del amor; y el amor, como la verdad, nos susurra: “no me buscarías si yo antes no te hubiera encontrado”.

– Y al elegir este método de experiencia está criticando  la forma sistemática de la filosofía, ya que es un método inadecuado para las verdades de la vida, esas que no son sólo percibidas con la mente, sino sentidas con el alma.

– MZ ya insistía, desde su ensayo de 1934, en la necesidad de un saber sobre el alma, que es la sede del sentir, como única vía para descubrir la estructura de la vida.

– Aquí es donde se separa de Ortega y Gasset, su maestro. MZ dice que hay que ir más allá del raciovitalismo que él proponía y atreverse a adentrarse con la razón en lo infraconsciente (dimensión pática, del sentir) y en lo supraconsciente (la relación con lo divino)

– Exige una salida más radical y extremada a la crisis de la razón discursiva. No hay suficiente con una reforma del entendimiento sino que hay que postular una nueva reforma que sea capaz de enfrentarse al fondo irracional de lo real, a lo “otro”.

– “Un logos que se hiciera cargo de las entrañas, que llegase hasta ellas y fuese cauce de sentido para ellas; que hiciera ascender hasta la razón lo que trabaja y duele sin cesar, rescatando la pasividad y el trabajo, y hasta la humillación de lo que late sin ser oído, por no tener palabra. (…) La senda que yo he seguido – dice en De la Aurora- me abrió la posibilidad de aventurarme por una senda en la que me encontré con la razón poética”.

– Esta razón nueva más ancha que nos propone Zambrano, la Razón Poética, quiere crear en el interior del hombre un nuevo espacio de visibilidad, un claro en el que sea posible la “aurora” de su ser escondido, y el reencuentro con la fuente de vida que lo sustenta. Y ese método es el que nos enseña a abrir esos claros o espacios abiertos donde se produce la revelación y la contemplación de la verdad.

– Se trata de un método que está inspirado en la mística, en las diferentes etapas que debe afrontar el iniciado que quiera llegar al encuentro con Dios, con la Unidad, con el Todo…etc, para ensanchar los límites de la razón. Y en Claros del bosque nos indica las etapas que debemos seguir para poder acoger la verdad.

– Reproduce el esquema de iniciación de toda experiencia mística, que pasa por tres momentos o vías.

– La primera, la vía purgativa, es la conversión del místico, el despertar hacia una nueva realidad.

– El iniciado, ayudándose de la meditación, se desprende de sus sentidos y de su voluntad para despejar su corazón de todo aquello que pueda enturbiar la llegada de la divinidad.

Esto es Zen!

– Total!! Cuanto mayor sea el desasimiento, el desapego de uno mismo, el abandono de sí, mayor será su disponibilidad para albergar a esa alteridad que nos reclama.

–  Sólo cuando el hombre hace la nada y el vacío en su interior, guiado por la voracidad de su amor, prepara el alma para su éxtasis.

– El mahayana, doctrina budista, reduce la concepción de todas las cosas como constituidas en sí mismas por el vacío. El vacío no es sólo un punto de arranque sino también el término de un proceso psicológico, la postura ideal para acercarse a la Iluminación.

– Jung, en 1969 dice: “el zen se diferencia de todos los demás métodos de meditación filosóficos o religiosos por su inicial ausencia de presupuestos (…) la respuesta, la decisiva, viene del vacío, la luz que brilla en las tinieblas es hallada siempre como maravilla, feliz despertar iluminativo”.

– Y Zambrano en 1977 nos inicia en el camino mediante su método de Razón Poética diciendo que el hombre tiene que entrarse adentro, recogerse en quietud y silencio, en su centro.

– La segunda vía es la iluminativa, es el paso de la meditación a la contemplación. Después de haberse adentrado en su noche oscura, se produce el éxtasis, el alma abandona su recinto para volar hacia la divinidad.

– El alma debe alcanzar su absoluta transparencia y disponibilidad para acoger a la divinidad. Y así llegamos a la tercera vía, la unitiva, que culmina con la unión entre alma y Dios, el alma deviene en aposento de la divinidad.

– De nuevo el Tao: Vacía tu mente de todo pensamiento / (…)/ Cuanto ser separado mora en el universo / retorna a la fuente común. / Retornar a la fuente es serenidad.

– Y MZ aplica en su obra al ámbito de pensamiento este esquema de toda experiencia mística, haciendo de la filosofía una cuestión espiritual que nos ha de conducir hacia el origen sagrado de la vida que nos redima del exilio metafísico en el que vivimos.

– Para lograr esa unión es necesario un doble proceso de transformación interior. Por un lado un acto de renuncia del propio yo, perderse, abandonarse. Y, por otro, un salir de sí para ir al encuentro de la divinidad.

– “Sin desnudez no hay renacer posible; sin despojarse o ser despojado de toda vestidura, sin quedarse sin dosel, y aun sin techo, sin sentir la vida toda como no pudo ser sentida en el primer nacimiento; sin cobijo, sin apoyo, sin punto de referencia”.

– Es necesario el desasimiento, la entrega voluntaria de nuestro yo, que nos haga receptivos a la llegada de la luz que ha de iluminar nuestras entrañas, donde se encuentra agazapado nuestro ser escondido. El hombre se tiene que exiliar de sí mismo para dejar sitio en su interior a la alteridad anhelada.

– Por eso el claro es un lugar vacío. Sitio sin sitio, un no-lugar. Un centro que nos remite a un aislamiento del sujeto de sus circunstancias, una ruptura de la cotidianidad, donde se da el acontecimiento del encuentro entre el alma y su ser, entre el ser y la vida. Donde “El pensamiento y el sentir se identifican, sin que sea a costa de que se pierdan el uno en el otro o de se anulen”.

– La verdad no se obtiene como fruto de un esfuerzo racional sino que es donación gratuita, que se le ofrece a quien ha sabido dibujar en sus entrañas un centro como espacio de la receptividad. En este punto Zambrano tiene muchas similitudes con Heidegger, podríamos hablar de él más adelante, ¿qué te parece, Cris?

– ¡A ver si podemos antes de que llegue la primavera! La verdad es un don que no hay que buscar, “A los claros del bosque no se va, como en verdad tampoco va a las aulas el buen estudiante, a preguntar”. El saber no se alcanza por un empeño continuado e insistente del sujeto. La verdad es advenimiento que se ofrece “a quien renunció a toda vanidad y no se ahincó soberbiamente en llegar a poseer por fuerza lo que es inagotable”

-”A éste la realidad le sale al encuentro, y su verdad no será nunca verdad conquistada, verdad raptada, violada, sino una revelación graciosa y gratuita”.

– No se puede presionar al ser oculto para que salga a la luz, porque esa violencia le retraería más a la oscuridad de su escondite.

– Tenemos que crear ese espacio íntimo para el advenimiento de la luz.

– La luz que nos propone MZ es una luz tenue, una “aurora” deseada que nos despierta a nuestro ser, pero que al mismo tiempo lo resguarda en cierta penumbra.

– El claro es un lugar despejado para la presencia y la ausencia. La tarea reservada al pensar que nos propone es un “saber de oído”.

– Un “estar a la escucha” que diría Heidegger. Un saber que apunta hacia una contemplación o receptividad pasiva donde se da el germinar lento de la verdad, la recuperación de la palabra inicial o absoluta que adviene en el desasimiento de nuestro yo.

– El saber que se revela en el claro del bosque es el saber de esta palabra originaria.

– “…la palabra verdadera, sin opacidad y sin sombra, dada y recibida en el mismo instante, consumida sin desgaste”: palabra poética.

– Esta palabra primera, palabra liberada del lenguaje, no tiene como objeto la comunicación ni la notificación, sino la comunicación del ser y la vida.

– La palabra es para Zambrano Verbo, Principio, es “lengua de fuego”,  es palabra auroral, palabra recibida que nos remite a un tiempo de plenitud en el que se daba la unidad primera. De esta remota plenitud nos queda el recuerdo de esta palabra perdida que se ofrece a quien ha sabido hacer el vacío en su interior, a la que ha sabido hacerle un lugar en el silencio de su recogimiento.

– En esta quietud silenciosa el corazón espera con padecimiento, resistiendo al dolor, la llegada de esta palabra que transparenta al ser y la divinidad que lo sustenta.

– El alma, olvidada de sí, ha de partir de vuelo, abandonando su prisión para conducirse hacia otra zona de la vida donde le espera el ser divino que le está llamando. Esta zona se sitúa entre la vida y la muerte, en una vida más allá de la vida, que se alcanza al adentrarse en lo profundo del ser.

– Pero, aunque lo pueda parecer, esta unión entre el ser y la vida para MZ no se produce con la llegada de la muerte, nos advierte: “Aunque parezca imposible, existe un medio entre la vida y la muerte. San Juan nos muestra que se puede haber dejado de vivir sin haber caído en la muerte; que hay un reino más allá de esta vida inmediata, otra vida en este mundo en que se gusta la realidad más recóndita de las cosas”

– No se trata de una salida de la vida, “sino el ir entrando en espacios más anchos, en verdad indefinidos (…) dejando al sujeto a quien esto sucede no en la nada ni en el ser, sino en la pura cualidad que se da todavía en el tiempo. En un modo del tiempo que camina hacia un puro sincronismo.” Ahí es donde se logra, por fin, cuando ya nada se espera, la unión entre el ser y la vida, la sincronía entre el “propio ser vacilante y desprovisto, con el ser simple y uno” y alcanzar “esa paz que proviene de sentirse al descubierto y en sí mismo”. Precioso, ¿no?

– Y sigue diciendo: “sin irse a enfrentar con nada y sin andar con la existencia a cuestas”. Se adquiere una ligereza que nos libera de la carga de nuestro yo, porque estamos sustentados por la fuente de la vida.

– Pero estos momentos de lucidez, de éxtasis, duran sólo un instante, desaparecen dejando la huella de su existencia, huella de un “orden remoto” que nos atrae como una órbita que invita a ser recorrida. Por eso el “amigo del bosque” va de claro en claro.

– El que ha vislumbrado una vez su ser y el fundamento de su ser, quedará marcado por esa verdad que atrae, por ese amor que llega desde lejos y nos invita, de nuevo, al recogimiento interior, para hacer de nuestro centro, otra vez, un nuevo espejo del ser.

– Nuestra existencia es un “anhelar y apetecer apaciguados por un instante de plenitud en el olvido de sí mismo, que los reavivan, los reencienden. Y así seguirá, a lo que se vislumbra, inacabadamente”. Sin acabar de nacer del todo, ésta es la extraña condición del ser humano: la de estar siempre en vías de nacer.

– Si me dejáis, le quiero dedicar este programa a una amiga con la que comparto el estar viviendo en un “drama mejicano”, como lo llama ella. Y querría leeros una frase de Erwin Schroedinger, fundador de la mecánica cuántica: “Puedes tirarte de bruces al suelo, extendido sobre la Madre Tierra, con la segura convicción que eres uno con ella y ella contigo. Tan seguro como que ha de devorarte mañana es que de nuevo ha de darte a luz, a una nueva vida de pugna y sufrimiento. Y no simplemente “algún día”: ahora, hoy, día tras día te devora más de mil veces. Pues no hay en todo tiempo, eternamente, otra cosa más que el ahora, uno y el mismo ahora, el presente es la única cosa que no tiene fin”.

– Hoy nos despedimos naciendo….

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