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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el Septiembre 7th, 2015 | por InOutRadio

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Desconocidas & Fascinantes: ‘Sarah Orne Jewett por Thais Morales’

Una de las más famosas bostonianas de Estados Unidos, la escritora Sarah Orne Jewett, merece un breve recordatorio en esta sección por haber sido capaz, en el siglo XIX, de escribir textos destinados a mujeres como el que sigue: “Cuado escuché su voz en la escalera… tuve los más extraños sentimientos. Llevo tanto tiempo esperando verla, estar junto a ella… Tantos meses, que no podía creer que fuese real. ¡Mi querida, querida Kate!”. Y esta frase, tan explícita, estaba dedicada a Kate Birckhead y Sarah la anotó en su diario en 1871.

Sarah Orne Jewett (1849-1909), contemporánea de Mark Twain, nació en South Berwick, Maine, estado en el que vivió la mayor parte de su vida y desde donde logró hacerse con una voz literaria propia que le permitió consolidarse como escritora, sobre todo, de relatos breves. A los 19 años publicó su primer cuento importante en la revista “Atlantic Monthly”, aunque desde los 14 ya escribía de manera regular y diaria en sus libretas.

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Su reputación de lesbiana es irreprochable, y es que sus biógrafos han sido incapaces de hallar ningún rastro de interés heterosexual en su vida. Preguntada acerca de si alguna vez estuvo enamorada, Sarah repsondió: “No. ¿Qué te hace pensar esto?”. Y añadió con una sonrisa: “Yo necesito más una esposa que un marido”.

Por si quedaran dudas, Sarah tuvo, además de un setter irlandés llamado Roger, varios gatos, entre ellos, el “más amistoso y cariñoso de los gatos que jamás ha paseado por nuestro jardín, Danny”. En fin, que el “pack” de Orne Jewett incluye todos los elementos de la lesbiana de pro: literatura, gatos y perros. Y, claro está, amante.

Su relación más importante fue con la también escritora Annie Fields, quince años mayor que ella y la esposa del editor James T. Fields. Después de la muerte de éste último en 1881, Sarah y Annie formaron un matrimonio bostoniano que duró casi tres décadas, en el transcurso del cual establecieron amistad con los mayores artistas e intelectuales del periodo, como la ya mencionada Willa Cather, Mary Ellen Chase, William Dean Howells, Henry James, Rudyard Kipling, Rose Lamb, Alice Meynell, Harriet Beecher Stowe, Celia Thaxter, Mrs. Humphrey Ward, Sarah Wyman Whitman...

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Sarah, de la que no he podido encontrar nada publicado en castellano, fue una escritora que conquistó con sus descripciones de la vida en el campo a miles de lectores y a autores como los que he mencionado más arriba. No obstante, algunos críticos no le perdonaron aquella obsesión descriptiva que surgía por todas partes en su obra y que consideraban una especie de catálogo de bocetos simples y sin ningún interés narrativo.

Sin embargo, si nos tomamos la molestia de indagar un poco más entre sus libros, encontramos historias como las de  “The country of the pointed firs”, “A country doctor” o “Tom husband´s”.

Me detendré en la última, una novela de 1882, que trata de la inversión de papeles y en la que una lúcida Sarah Orne Jewett argumenta que el matrimonio heterosexual puede ser peligroso para las mujeres por el riesgo que supone de perder su identidad, absorbida por la de su marido, y de arrojar fuera de sus vidas cualquier aspecto que no esté relacionado con la vida doméstica.

En su novela de 1884, “A country doctor” (inspirada en la vida de su propio padre, que fue médico), insiste en la idea de que, a medida que la “sociedad se vuelva más inteligente”, se reconocerá la incapacidad de algunas mujeres para el matrimonio y se promoverán ocupaciones y actividades más apropiadas para ellas. Sarah estaba convencida de que, en su caso personal, el matrimonio bostoniano o las amistades románticas eran más indicadas que el matrimonio heterosexual. Así que su “matrimonio” con Annie Fields era la relación perfecta.

La autora solía pasar varios meses en la casa familiar de South Berwick, donde, en un entorno dominado por la tranquilidad, podía escribir sus historias y sus novelas. El resto del año, vivía con Annie en Boston. Su correspondencia en los meses en que se ausentaba de su hogar sugiere, no sólo que trabajaba intensamente, sino también que pensar que Annie la esperaba en Boston, la ayudaba a seguir trabajando día tras día.

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En octubre de 1882, Sarah le escribió: “Aquí estoy, de nuevo frente a mi mesa. Te escribo la primera carta con mucho amor y pensando  que, en más de siete meses, ésta es la primera mañana que no te  tengo a mi lado y que no me he levantado para escuchar tu voz y ver tu adorado rostro. Te echo de menos”.

Y en 1883, en las mismas circunstancias, escribió: “Estaré contigo mañana, el día de tu cumpleaños. Cómo aguardo a que llegue el jueves por la tarde. No me importa si es una noche estrellada o si está dominada por la niebla. Sí, querida, llevaré el último borrador y le daré los últimos retoques si crees que vale la pena que invierta más tiempo en él. Estoy cansada de escribir cosas. Ahora quiero pintar cosas y hacer cosas y besar cosas (la itálica es de la propia autora)…”.

Y para acabar, os regalo un pensamiento de la clarividente Sarah, para que lo meditéis a lo largo del verano: “El amor no es ciego, ¡es lo único que ve!”.

Para saber más

-“Para mayores de cuarenta”, Willa Cather, Alba Editorial. En este librito se incluye un artículo de Cather sobre su admirada Sarah Orne Jewett.

www.wsu.edu/~campbelld/amlit/jewett.htm: web en la que encontraréis textos en inglés de la autora.

Vuestras sugerencias a info@inoturadio.com

 

 

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