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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el septiembre 11th, 2017 | por InOutRadio

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Desconocidas & Fascinantes: Maria Van Antwerpen y las mujeres soldado por Isabel Franc

En la Edad Moderna (s. XV al XVIII) hacerse pasar por hombre era una posibilidad real y viable para mujeres que habían caído en desgracia y luchaban por superar circunstancias difíciles. Las razones para el travestismo eran múltiples: Huir de la pobreza o de la prostitución, protegerse (en un viaje o al ir por las calles), delinquir, salir de juerga, ir a la guerra (bien por patriotismo, bien por seguir al marido o al amante), o evitar ser violadas. Para no ser descubiertas tenían que estar siempre en guardia, sobre todo al lavarse, vestirse y orinar. A menudo las pillaban al caer enfermas o heridas; el espacio privado era excepcional en aquel tiempo y el riesgo muy alto para un soldado. Casi todas las mujeres travestidas procedían de clases bajas. La mayoría eran huérfanas.

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El caso mejor documentado es el de Maria van Antwerpen, quien fue soldado, marido e incluso padre.

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Nació en la guarnición de Breda en 1719. Era hija de un destilador de coñac, que agobiado por la carga de una familia numerosa, se arruinó y tuvo que ganarse la vida como estibador. María perdió a su madre a los once años y a su padre a los doce. La adoptó una tía con la que fue muy desdichada, siempre se quejó de sus malos tratos, decía que no había “llevado la vida de un perro, para qué hablar de la de una niña”. En cuanto pudo, se colocó de sirvienta y trabajó de criada para distintos patronos. Decidió hacerse soldado cuando la despidieron. Era pleno invierno, no tenía medios para subsistir y no quería recurrir a su familia. ¿Había otra salida para una muchacha indigente que se negaba a ser prostituta y deseaba seguir siendo virgen, casta y pura? Una vez transformada en hombre lo natural era casarse para no despertar sospechas.

Maria Van Antwerpen declaró que su travestismo estaba predestinado por Dios, la naturaleza y el destino: “Sin la divina Providencia —dijo—, de no tomar las armas habría caído en la prostitucion”. Ella tenía que haber sido el séptimo hijo de la familia y restituir la buena fortuna que tanto necesitaban. Se sentía mujer en apariencia pero hombre en esencia: “La madre naturaleza —afirmó— me ha tratado con gran dureza, contra mis inclinaciones y pasiones” y manifestó su convencimiento de tener a Dios de su parte, ya que había pedido al cielo que bendijera su plan y su éxito probaba que le había otorgado tal bendición. Esto era algo importante para ella ya que siguió siendo católica devota y no renunció a su religión ni siquiera al casarse con una protestante.

En 1746 se alistó como soldado bajo el nombre de Jan van Ant (cuenta en su autobiografía que escogió de forma deliberada el nombre de pila de su padre) y un año después se casó oficialmente con una mujer que ignoraba su verdadero sexo. María aseguró que la vida militar habría sido perfecta para ella “si la natural modestia de nuestro sexo no se viera agraviada por palabrotas diversas; sobre todo en mis primeras guardias, me hacían perder por completo el decoro”. Para no llamar la atención Maria se puso a la par de “blasfemos y deslenguados” y como “el hábito acaba por volverse una segunda naturaleza” –ella misma lo dijo-, llegó a ser bastante convincente.

En 1751, cuando la unidad militar de la que formaba parte se acuarteló en Breda, Maria fue reconocida y delatada. Su arresto causó gran revuelo: la noticia salió en la prensa, su historia dio lugar a una canción, que se hizo muy popular, e incluso apareció, antes de su condena, una “autobiografía” titulada La heroína de Breda. En realidad la escribió Franciscus Lievens Kersteman, pero según su introducción, se basa en las palabras de la propia Maria (dato que ha sido verificado).

Al ser condenada al exilio, Maria se fue a vivir a Gouda, donde unos años después una mujer la persuadió para que volviera a su vida de hombre y se casara con ella. Era Cornelia Swartsenberg que estaba embarazada y necesitada de marido. El matrimonio se celebró en 1762 y Maria volvió a alistarse en el Ejército, en esta ocasión huyendo de la pobreza, ya que al casarse con una mujer que esperaba un bebé debía ganar dinero para mantener a la familia.

Esta segunda vez, bajo el nombre de Machiel van Antwerpen su carrera militar fue corta, durante una visita a Gouda, alguien la reconoció y fue arrestada. Se la sometió a un exhaustivo interrogatorio, transcrito en un texto de 43 folios. El tribunal también solicitó información a otras ciudades, por lo que estos documentos constituyen una importante fuente que corrobora y completa gran parte de lo que Maria contó a Kersteman en 1751. Ante el tribunal militar que la juzgaba aseguró que se había alistado en el ejército por patriotismo: “por amor, afecto y pura pasión por la patria”. Volvieron a desterrarla y lo único que se sabe de su vida posterior es que murió en Breda en 1781.

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Maria Van Antwerpen  vivió como hombre 13 años. Rebatió la acusación de haber desposado a otra mujer contra las leyes divinas alegando que “había tomado [a la novia] solo por hermana”. Temía la pena de muerte, pero, a pesar de estar prescrita para las tríbadas en el código penal, las relaciones amorosas entre mujeres rara vez se consideraron graves en ningún lugar de Europa. La sexualidad tenía tal orientación fálico-genital que el abrazo entre dos mujerres se contemplaba como una acto inocente. Eso, con toda seguridad, la salvó de la horca.

Para saber más:

–         Dekker, Rudolf M.; Van de Pol, Lotte. La doncella quiso ser marinero. Travestismo femenino en Europa (s. XVII-XVIII). Siglo XXI.

–         La mujer pirata. Jacques Tourneur. 1951 El personaje del capitán Providence, que encarna Jean Peters se basa en una verdadera pirata, Anne Bonny, que junto con Mary Read fue una de las dos mujeres piratas más famosas del siglo XVIII.

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