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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el Julio 17th, 2017 | por InOutRadio

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Desconocidas & Fascinantes: La monja Alférez: una mujer de acción por Virginia Garzón

Catalina de Erauso escribió con su vida una auténtica novela de aventuras en pleno Siglo de Oro español. Su historia es la de una mujer que logró cotas de independencia y libertad tan altas como las de cualquier hombre en una época en la que esto parecía imposible.

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Eran tiempos de conquista, de batallas y de violencia. Catalina vivió en un momento histórico en el que España tenía dominada a media Europa, mientras la otra mitad le temía.

Nació en San Sebastián en 1592, aunque en sus memorias afirma haber nacido siete años antes, quizás para exagerar el tiempo que llevaba al servicio de Su Majestad y así lograr la pensión solicitada.

A la edad de cuatro años su madre y su padre la internaron en el convento de monjas dominicas San Sebastián el Antiguo, de dónde se escapó a los quince “sin saber qué hacer ni a dónde ir”. Estuvo escondida en las afueras del convento durante tres días, en los que se dedicó a cambiar su imagen: se cortó el pelo y transformó los hábitos que llevaba en ropas de hombre. Pasó entonces a vivir en los bosques y a alimentarse de hierbas, a viajar de pueblo en pueblo, temerosa de ser reconocida.

Después de servir durante tres años a varios señores con el falso nombre de Francisco de Loyola, Catalina decidió embarcarse de grumete y viajar a Las Indias. Se hizo pasar por castrado y adoptó el nombre de Alonso Díaz Ramírez de Guzmán. En Colombia abandonó la vida marinera y trabajó como mancebo de un comerciante, con el cual partió hacía Trujillo, Perú.

Allí tuvo el primero de sus muchos problemas con la justicia al matar a un hombre en duelo. Huyó entonces a Lima y comenzó a trabajar como criado al servicio de un rico mercader, aunque tampoco éste oficio le duraría mucho: “al cabo de nueve meses dijo que buscase mi vida en otra parte, y fue la causa que tenía en casa dos doncellas, hermanas de su mujer con las cuales, y sobre todo con una que más se me inclinó, solía yo jugar y triscar”.

A consecuencia de este incidente, Catalina  huyó y partió hacia Chile, donde se encontró con su hermano Miguel de Erauso, aunque éste no la reconoció y la empleó en el servicio de su casa. Allí estuvo casi tres años hasta que, de nuevo por un lío de faldas (Catalina flirteaba con su cuñada), fue despedida.

En Perú, en 1619, se alistó como soldado al servicio de la corona y luchó enla Guerrade Arauco contra los mapuches en el actual Chile y se ganó la fama de ser valiente y hábil con las armas. Sus aventuras corrían de boca en boca por toda Europa, pero, su secreto permanecía a salvo a pesar de las numerosas y violentas heridas que fue recibiendo en las batallas y sobretodo a pesar de que para curarse tenía que desvestirse.

Pedro del Valle habla de ella en una carta y la describe como “alta y recia de talle, de apariencia más bien masculina, no tiene más pecho que una niña. Me dijo que había empleado no se qué remedio para hacerlo desaparecer. (…). El efecto fue muy doloroso, pero muy a su deseo. (…) Su aspecto es más el de un eunuco que el de una mujer. Viste de hombre, a la española; lleva la espada tan bravamente como la vida”.

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Con estos méritos alcanzó el grado de alférez. Sin embargo, la monja soldado destacaba también por su carácter violento y por verse envuelta en numerosas borracheras, peleas y disputas.  En una de ellas apareció su hermano Miguel como padrino del duelo y le mató por error. Perseguida por la justicia, su vida se convirtió en un vagar incesante por diversas ciudades a lo largo de buena parte de la geografía de Bolivia y Perú entre innumerables trifulcas debidas a la bebida o a deudas de juego.

En 1623 fue detenida en Huamanga, Perú, a causa de una de esas disputas en la que mató a varios hombres. Para evitar su ajusticiamiento pidió clemencia al obispo, Agustín de Carvajal, al que le confesó que era en realidad una mujer y que había estado en un convento. Tras un examen por parte de un conjunto de matronas, se determinó que era cierto que se trataba de una mujer y que además era virgen. La noticia corrió como la pólvora y todo el mundo quería verla. El obispo la protegió y durante cinco meses Catalina estuvo refugiada en el convento de Santa Clara de Guamanga vistiendo de nuevo los hábitos. Al morir el obispo, el arzobispo de Lima la fue a buscar y le ofreció elegir un convento donde quisiera estar. Los visitó todos y finalmente eligió el dela SantísimaTrinidad, en el que estuvo dos años y medio.

Posteriormente llegaron noticias de España según las cuales Catalina no era ni había sido nunca monja profesa, motivo por el que la dejaron salir del convento. Liberada de los hábitos, se marchó entonces a España y se presentó ante el rey Felipe IV para que premiase sus servicios a la corona. Éste no sólo la recibió con grandes honores, sino que le mantuvo su graduación militar, le concedió el título de monja alférez, le permitió emplear su nombre masculino y le asignó una pensión vitalicia.

Catalina también visitó en Roma al mismísimo Papa Urbano VIII y le explicó su “vida y correrías, mi sexo y virginidad”. El pontífice debió quedar maravillado porque la autorizó a continuar vistiendo de hombre y a seguir con sus aventuras, bajo juramento de llevar una vida honesta y sin ofender al prójimo.

Y así, en 1630 Catalina zarpó por segunda y última vez hacia América. Se instaló en México con el nombre de Antonio de Erauso, a pesar de que se sabía que era una mujer, y regentó un negocio de transporte de mercancías. Murió en 1650 y se le hizo un suntuoso entierro.

Por lo que respecta a su vida privada, ya hemos comprobado su predilección por las mujeres. Y le resultaba muy fácil acercarse a ellas, ya que los hombres conocedores de su valentía y sus éxitos militares, pero, sobre todo, al saber que era en realidad una mujer con ropa masculina, confiaban en ella y le dejaban a buen recaudo hijas y esposas.

Sin embargo, Catalina era exigente con sus conquistas. Tal y como ella misma nos narra, casi pierde la vida cruzando la cordillera de los Andes si no hubiera sido por la generosidad de una mestiza que la hospedó por cuatro meses y le ofreció que se casara con su hija, pero Catalina la rechazó, según sus propias palabras, porque “era muy negra y fea como un diablo, muy contraria a mi gusto que fue siempre de buenas caras”.

Además, en sus memorias narra alguna aventura, como cuando una ventera la sorprende “andándole a la hija entre las piernas”.

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También sabemos que nuestra protagonista sufrió el amor y el desamor. Así, por ejemplo, con ocasión de su viaje a México se llevó con ella a una mujer cuyos padres le habían pedido que la acompañara a un convento: se enamoró perdidamente de ella y no fue correspondida. Aquella pasión le causó grandes disgustos, enfermó gravemente y llegó incluso a querer batirse con el hombre que finalmente eligió la dama para casarse.

Nuestra protagonista escribió antes de dejar España sus propias memorias, aunque no se sabe a ciencia cierta si las redactó ella. El manuscrito se encuentra en el Archivo de Indias en Sevilla y se titula El memorial de los méritos y servicios del alférez Erauso. En cualquier caso, existen pruebas de sobras que demuestran que Catalina existió y que lo que se narra sucedió de verdad. Estas memorias fueron publicadas casi dos siglos después, primero en francés en París, luego en Leipzig en alemán y, finalmente, en Castellano en Barcelona. Del libro surgieron adaptaciones literarias, obras de teatro y películas. También cabe destacar el retrato que le pintó Francisco de Pacheco, suegro de Velázquez y que puede contemplarse enla Galería Shepeler, de Aquisgrán.

Con todo lo narrado, no cabe duda de que Catalina es una precursora de las teorías Queer: recurrió a una identidad varonil para poder acceder a una existencia diferente, libre y aventurera, el tipo de vida que ella anhelaba y que en su época estaba reservada de forma exclusiva al mundo masculino.

Para saber más:

– Erauso, Catalina de. Historia de la monja alférez escrita por ella misma. Ed Hiperión, 2000.

– El texto íntegro puede también consultarse enla Bibliotecavirtual Miguel de Cervantes

http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01305042011682948755802/index.htm

– Mendieta Garrote, Eva. En busca de Catalina de Erauso: identidades en conflicto en la vida de la monja alférez. Ed. Universitat Jaume I, 2010.

– De Quincey, Thomas, La monja alférez. Ed.Pre-Textos, 2006.

Para las cinéfilas:

– La monja alférez, de Javier Aguirre. España, 1986

– La monja alférez, de Emilio Gómez Muriel. México, 1944

Música que hemos usado:

O Mágnum Mysterium, Tomás Luis de Victoria  [youtube]www.youtube.com/watch?v=x4iP9xpOElw[/youtube]

Batalla imperial, Joan Cabanilles[youtube] http://www.youtube.com/watch?v=uaMcdSp7Fk4[/youtube]

Alacena de las monjas, Carlos Cano

 

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