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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el septiembre 25th, 2017 | por InOutRadio

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Desconocidas & Fascinantes: Helene von Druskowitz, la filósofa maldita por Paz Montalbán

Helene von Druskowitz (su nombre real era Helena Maria Druschkovich) fue una filósofa, escritora y crítica musical nacida el 2 de mayo de 1856 en el distrito de Hietzing (Viena). Prometía ser una niña prodigio, puesto que a los 16 años ya se graduó como pianista en el Conservatorio de la capital austriaca, pero esa promesa se truncó por la acérrima radicalidad en sus teorías filosóficas.

Llegó a ser una pensadora notable y se convirtió en la segunda mujer que obtuvo un Doctorado de Filosofía en la Universidad de Zúrich, gracias a su disertación sobre el “Don Juan” del poeta romántico inglés Lord Byron. Tuvo desde siempre unas ideas profundamente transgresoras, caracterizadas por la misantropía, exclusivamente, hacia los hombres y la megalomanía. Se caracterizó por ser una librepensadora, una mujer comprometida y rebelde. También fue ensayista y crítica literaria. Sus posiciones ideológicas se enmarcan dentro del feminismo radical, el socialismo y el ateísmo acérrimo.

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Estudió filosofía, arqueología, literatura germánica, orientalismo y lenguas modernas. Tenía una vasta cultura, como gran estudiosa que era. Se dedicó durante algún tiempo a dar clases de Historia de la Literatura en distintas universidades europeas, entre ellas Viena, Zúrich, Múnich o Basilea. También viajó al norte de África, a Francia, a Italia y a España, antes de regresar a Viena.

Fue contemporánea y amiga de Friedrich Nietzsche, durante cierto tiempo, y frecuentó el círculo del filósofo alemán. El legado intelectual de Helene von Druskowitz ha llegado hasta nosotras gracias a los epistolarios, ya que aparecía mencionada en ellos. Sin embargo, la relación con el célebre pensador, famoso por su categórica afirmación de que “Dios no existe”, acabó de forma repentina cuando Druskowitz se atrevió a criticar sus teorías filosóficas por considerarlas como una nueva forma de darwinismo. Nietzsche reaccionó de malas maneras y llegó a calificarla de “pavita literaria”

Al contrario que en los salones parisinos, extremadamente permisivos con las míticas intelectuales de la Rive Gauche, Helene abogaba por una sociedad de mujeres – gobernada por ellas – lo cual chocaba, de forma frontal, con los círculos aristocráticos vieneses, donde reinaba una doble moral que las invisibilizaba.

Druskowitz  creía que la especie masculina no merece ni el apelativo de “ser humano” ya que según ella, “el macho” usurpa tal calificativo. Creía que el hombre somete a las mujeres y ha convertido el mundo material en un hábitat feo, torpe e invivible. Por esta razón invocaba el fin de la horrenda promiscuidad entre hombres y mujeres. Les pedía a estas que se federaran e instituyeran la “caballería”, el “sacerdocio” femenino y que impusieran la división de las ciudades por sexos. Además rechazaba con mucha ira el matrimonio.

Esta segregación sexual ya existía, según la filósofa, en las civilizaciones antiguas y orientales. Recuperarla permitiría devolver a la materia y a la naturaleza su perfección perdida.

Fue amiga de escritoras como la austriaca Marie von Ebner-Eschenbach o la alemana Malwida von Meysenbug, esta última la introdujo en los círculos intelectuales donde se congregaban personalidades como el poeta Rainer Maria Rilke o la escritora rusa Lou Andreas-Salomé.

En 1887 inició una relación amorosa con la soprano alemana Therese Malten (nombre artístico de Therese Müller), una estrella lírica de la Ópera de Dresden, y una figura preeminente como intérprete de las heroínas del compositor romántico Richard Wagner. Helene y Therese vivieron juntas varios años en la ciudad de Dresden hasta 1891, año en el que Therese dejó a Helene, al parecer, por el abuso que hacía Druskowitz de las drogas y del alcohol. A partir de ese momento, la pensadora vienesa cayó en frecuentes crisis nerviosas debido a sus adicciones. El 15 de abril de 1891 fue internada en un hospital psiquiátrico, su hermano y su madre ya habían fallecido entonces.

Gracias a los partes médicos que se conservan, sabemos que le diagnosticaron megalomanía y alcoholismo y la medicaron con hipnóticos. A pesar de ello, mantuvo una constante actividad literaria, fumaba, de forma compulsiva, tabaco con pipa inglesa y bebía té. Escribió ilegibles tratados filosóficos, ensayos, comedias andrófobas, dramas, mandaba sátiras contra los hombres a las revistas femeninas… También compuso poesías que elogiaban las virtudes del alcohol. Sin embargo, era una paciente – según decían los médicos – inofensiva y cortés, que se agitaba por algunas visiones y delirios.

Su orientación sexual, su complicada personalidad, sus costumbres de mujer radicalmente emancipada del patriarcado, propiciaron su internamiento en un centro psiquiátrico. A finales del s. XIX el psicoanálisis estaba en sus albores y la homosexualidad era considerarla una enfermedad.

Pasó los últimos 27 años de su vida internada en Mauer-Öhling, cerca de Viena, donde murió el 31 de mayo de 1918, a las puertas del fin de la Primera Guerra Mundial.

La sociedad de su época no pudo resistir la fuerza, la rebeldía y el grito desesperado de una mujer con unas ideas demasiado avanzadas para su tiempo. Tuvo un final trágico, pero su legado siempre permanecerá en la historia de las mujeres que luchan para erradicar la invisibilización por ser mujer, lesbiana y/o feminista y reafirmarse en posiciones incómodas para el patriarcado.

Para saber más:

Obra editada en italiano “Una filosofa dal manicomio”, Editori riuniti, Roma 1993.

“Las Filósofas: las mujeres protagonistas en la historia del pensamiento”, Giulio De Martino, Marina Bruzzese, de. Cátedra, col. Feminismos, Madrid (2000).

Ensayos filosóficos y estudios sobre la filósofa editados en italiano, inglés y alemán.

 

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