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Desconocidas & Fascinantes

Publicado el noviembre 23rd, 2015 | por InOutRadio

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Desconocidas & Facinantes: Victoria Kent: Guerrillera sin fusil por Kika Fumero

Intelectualmente, ha sido considerada la mujer más interesante de su tiempo. Defensora de los más desfavorecidos, su historia fue una apuesta por la vida. Las mujeres, los presos, los refugiados y los huérfanos fueron el leimotiv de su existencia. Sin ella sería imposible entender la historia de la España de los años 20 y 30.

Hablar de Victoria Kent es evocar un antes y un después en el universo humanitario español de posguerra. Nadie como ella, desde un cargo pionero –primera Directora General de prisiones  de España-, entendió la naturaleza del ser humano en su faceta más controvertida. Revolucionó la vida en prisión, dando un trato digno a los presos y mejorando sus condiciones de vida entre rejas. Victoria apostaba por una reeducación de los presidarios para su posterior reinserción en la sociedad. Su línea fue siempre revolucionaria y moderna, como ella.

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Con las cadenas y los grilletes que eliminó de las prisiones hizo el famoso monumento a quien fuera su predecesora, Concepción Arenal, la gran visitadora de cárceles del siglo XIX. Cerró penales inmundos y creó cárceles nuevas en condiciones, como la cárcel de mujeres de Las Ventas, que disponía de una biblioteca, un salón de actos y un área para mujeres con hijos menores de tres años. Calefacción y enfermerías dejaron de ser privilegios allende los muros.

Conoció a María de Maeztu durante los años en que vivió en la Residencia de Señoritas que había fundado esta magnífica pedagoga. Al tiempo que estudiaba derecho, estuvo a cargo de la biblioteca de la famosísima Residencia de Estudiantes. María de Maeztu estaría a su lado durante estos años de universidad en los que trabajarían juntas en reformas del sistema educativo. La cumbre de tantos años codo a codo fue la fundación del Lyceum Club Femenino en 1926, el primer círculo literario y social de mujeres en el país. María fue elegida presidenta y Victoria, vicepresidenta. Desde allí, Kent se vuelca en la creación de La Casa del Niño, una de las primeras guarderías españolas. Su debilidad por los pequeños desprotegidos era notoria.

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Kent fue una mujer adelantada a sus tiempos: la única en formar parte de un Consejo de Guerra, en el que consiguió la absolución de Álvaro Albornoz, acusado por firmar un manifiesto comunista; la primera en colegiarse, en plena dictadura de Primo de Rivera, y en ejercer la abogacía en España; y la primera mujer en ser nombrada diputada por Madrid en las Cortes Constituyentes, en la Segunda República. Famoso fue su enfrentamiento con la también diputada Clara Campoamor: su rechazo al sufragio femenino fue mal recibido y esta sombra la persiguió hasta el final de sus días, a pesar de que su verdadera intención había sido la de no permitir el doble voto encubierto de los maridos y de la iglesia, que dominaban la sociedad también a través de las mujeres.

Militó en el Partido Radical Socialista y se presentó a la reelección en 1936 con el Frente Popular. Su alma republicana la llevó a desempeñar un trabajo activo durante la guerra y la posguerra. Al estallar la guerra civil en España, el gobierno la envía a París y le confía la evacuación y refugio de los niños españoles de las provincias del norte.

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Pronto se convirtió en una disidente para el gobierno franquista. Su vida en París corrió peligro al desatarse la II Guerra Mundial. Tenía la entrada vetada en España y le urgía ponerse a salvo de la Gestapo.

En una situación tan delicada, Victoria no dudó en facilitar la evacuación a América de los refugiados españoles como ella; paradójicamente, no consiguió huir y se vio obligada a seguir oculta en Francia durante los años de ocupación nazi. La Cruz Roja le ofrece un escondite en el Bosque de Bolonia (Bois de Boulogne), donde permanecería, bajo el pseudónimo de Madame Duval, hasta el final de la guerra. Esta desgarradora experiencia personal nos la relata en el libro que escribió en esos años, titulado Mis cuatro años en París (1948).

Concluida la guerra viajó a Méjico y de allí, dos años más tarde, a Nueva York. En la gran manzana fundó y dirigió durante 20 años la revista Ibérica, en la que publicaba noticias de España para los exiliados republicanos en los Estados Unidos. Su labor humanitaria seguía siendo palpable por doquier.

Victoria Kent dedicó su vida a la lucha por sus ideales. Ni siquiera el peligro de muerte la detuvo en ese arduo camino. Fue siempre honesta con ella misma y con sus semejantes, una mujer revolucionaria y valiente, de un gran carisma y trabajadora por excelencia. Victoria no era especialmente agradable, ni brilló por su locuacidad. Era más bien una mujer directa y tajante. De lo contrario, probablemente nunca hubiese conseguido cuanto consiguió.

En 1977, a los 79 años y tras la muerte de Franco, volvió a su país natal después de muchos años de “esclavitud” (tal y como ella calificaba esa ausencia forzosa e impuesta de la España por la que tanto luchó). Pero esa visita no fue para quedarse. Victoria regresó a Nueva York y vivió allí hasta su muerte.

En ese viaje de vuelta a sus orígenes, concedió la única entrevista conocida en la que alude a su vida amorosa:

“Yo me he dedicado a mi trabajo y no he tenido relaciones físico-sentimentales. Realmente he vivido con mis compañeros y amigos un sentimiento de hermandad y ayuda, pero me he visto demasiado cogida por mis responsabilidades, demasiado atada para otra cosa. Tampoco he sentido esa necesidad hacia el otro sexo; puede que sea una incapacidad mía, pero no la he sentido”.

Con estas palabras no despeja la sombra del lesbianismo que gravitó sobre ella. Victoria Kent salvaguardó siempre su vida privada de las miradas ajenas. Pero, si no vivió su probable homosexualidad abiertamente, bien pudo ser por la mentalidad pacata y retrógrada que existía en la España de entonces. Aún así, nos queda el testimonio del escritor y periodista Miguel Ángel Villena, quien, en su libro Victoria Kent. Una pasión republicana (editorial Debate), desvela la homosexualidad de Kent y afirma que compartió su vida durante muchos años con una norteamericana. Tal vez este hecho explique por qué no se quedó en España cuando regresó en el 77.

En septiembre de 1987, a la edad de 90 años, expira la vida de una mujer que lo dio todo por nosotras. A ella le dedico estas líneas como agradecimiento a la mujer que hoy puedo ser.

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