Síguenos en:

Delirium Premens

Publicado el agosto 25th, 2017 | por InOutRadio

0

Delirium Premens: ‘Hinchazón’

De vez en cuando le dejo leer algunos textos a la Satchi, para que se sienta más importante. Como sé que le va la marcha, suelo pasarle los textos más subidos de tono, los más sugerentes, porque pienso que así le puedo alegrar un poco el día. Como no voy a misa, tengo que ganarme el cielo de alguna manera… Así que hoy la Satchi os va a explicar otro de los síntomas premenstruales por excelencia: la hinchazón, esa sensación tan incómoda que todas, unas más y otras menos, sentimos cada mes mientras nuestro cuerpo y nuestra mente se preparan para menstruar… 

(Satchi, léelo tú, anda…)

Hinchazón

El día que empieza la hinchazón lo notas enseguida por los pantalones, que te aprietan la cintura y la parte superior de las piernas más de lo debido, y a veces también por el sujetador, que parece incapaz de sostener tus pechos sobredimensionados.

Y también lo notas en las cartucheras, verdaderos depósitos de líquidos que quedarán allí retenidos durante días y días, hasta que la menstruación decida abrir las compuertas para dejarlos salir. Te sientes gorda, te sientes vaca, te sientes acuosa a cada paso que das, y cada día que pasa aumenta esa desagradable sensación sin que puedas hacer nada para impedirlo. Rezas para que te baje la regla de una vez, pero lo único que te baja es la libido al verte tan hinchada como un pez globo…

Pez globo

Pez globo

 

Luego, al segundo o tercer día, dependiendo de la complexión de cada una, empiezas a perder pie. Ocurre así, de repente, sin previo aviso. Vas por la calle y una chica te para y te dice: “disculpa, pero vas andando sin pisar el suelo. ¿Te importaría decirme cómo lo haces?”. Y entonces tú, al mirar hacia abajo y ver tus pies suspendidos en el aire, te das cuenta de que es verdad, de que la hinchazón, que va en aumento, te hace levitar como un globo de helio que empieza a elevarse.

La gente te mira mal, como si fueras un monstruo de circo, y a ti no se te ocurre otra cosa que pedir ayuda a esa chica, que sigue mirándote entre extrañada y lasciva: “por favor, ¿te importaría acompañarme a casa? Es que así, suspendida como voy, no puedo controlar mis pasos, ya lo ves”. Y la chica, que ya se ha puesto un poco cachonda y se lo toma como una invitación a una sesión de sexo desenfrenado, te contesta que sí, que por supuesto, que faltaría más”. Así que, sacas un fino cordel de tu bolsillo (siempre lo llevas encima para cuando se presenta la hinchazón premenstrual), te atas un cabo a una muñeca y le das el otro cabo a la otra “muñeca”, a la chica que se ha ofrecido a llevarte a casa. Y ella te lleva, como una niña a la que acaban de comprar un globo en una feria. Incluso le brillan los ojos de emoción… Globos Frente al portal de tu casa, le das las llaves de tu piso y le pides que te suelte, diciéndole que prefieres entrar por el balcón. Y ella obedece. Y al soltarte, tú empiezas a elevarte procurando no separarte de la fachada del edificio. Y cuando llegas a la altura de tu balcón te aferras a la barandilla con ambos brazos y saltas hacia dentro con una maniobra de gran precisión. Por suerte, lo has hecho otras veces y tienes práctica, cualquier pequeño error te haría correr el riesgo de elevarte sin parar hacia el cielo azul hasta que la presión atmosférica te hiciera estallar en mil pedacitos. Y en tu esquela pondría: “Siempre fuiste una mujer de altos vuelos. Te recordaremos eternamente”. Ya en tu casa, vas recorriendo las estancias con la cabeza pegada al techo y el cordel colgando de tu muñeca. La chica te espera en la sala, sentada en el sofá. Quiere sexo, claro. Y tú también, porque estás premenstrual. Te asombras de que, en tu estado de máxima hinchazón, alguien se interese por ti desde el punto de vista sexual. Le adviertes de los riesgos, pero ella insiste, le dan morbo tus redondeces, y mientras ella va tirando del cordel tú vas bajando, bajando y bajando hasta quedar a su altura. Quiere abrazarte toda, pero no puede, sus brazos no dan para más. Os besáis y os acariciáis con pasión, todo va bien hasta que ella te muerde en el cuello, muy cerca de la oreja, y en ese mismo momento tú sales disparada por la ventana por propulsión a chorro y ella se queda plantada en medio de la habitación, con los brazos vacíos y la desilusión propia de una niña que acaba de quedarse sin su globo…

Carme Pollina – La Polli

FacebookTwitterGoogle+Compartir

Tags: , , ,


Acerca de la autora



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir al principio ↑