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	<title>Dejate Llevar (al huerto)</title>
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	<description>A veces nos ocurren cosas que nos obligan a replantearnos la vida, situaciones inesperadas que dan un giro completo a nuestra existencia. En estos casos, lo más difícil es siempre decidir entre seguir como estamos o dejarnos llevar por las nuevas circunstancias y ver hacia qué dirección nos llevan. Sin duda, dejarse llevar es siempre la opción más arriesgada, pero también es cierto que, quien no arriesga, no gana…Déjate llevar (al huerto)</description>
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		<title>Dejate Llevar (al huerto)</title>
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	<itunes:author>Dejate Llevar (al huerto)</itunes:author>
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		<title>Déjate llevar (al huerto) – Cochinas</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Aug 2012 04:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Cochina —Aláncame la lopa, Losa! A Rosa le cuesta lo suyo, pero al cabo de unos segundos, cuando su cerebro consigue procesar la información recibida, por fin comprende lo que Xiaomei intenta decirle entre suspiros y se pone manos a la obra, o quizá debería decir “manos a la china”. Es la primera vez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><strong><img src="http://farm6.static.flickr.com/5102/5669998960_fa53b02cf3_m.jpg" alt="chinas" /></strong></p>
<p><strong>Cochina</strong></p>
<p>—Aláncame la lopa, Losa!</p>
<p>A Rosa le cuesta lo suyo, pero al cabo de unos segundos, cuando su cerebro consigue procesar la información recibida, por fin comprende lo que Xiaomei intenta decirle entre suspiros y se pone manos a la obra, o quizá debería decir “manos a la china”. Es la primera vez que Rosa se relaciona íntimamente con una mujer oriental; no le resulta nada fácil, pero lo encuentra tan excitante que cualquier barrera idiomática o cultural le parece anecdótica, un pequeño peaje que debe pagar para conseguir el premio: sentir entre sus brazos el calor que emana el cuerpecito de Xiaomei, que no es poco. Algunas amigas le habían hablado de la fogosidad de las mujeres chinas, y ahora Rosa está a punto de comprobarla por sí misma. Se siente tan ansiosa y excitada que no atina con los botones de la blusa de Xiaomei, así que decide arrancársela de cuajo en un ataque de lujuria, y parece que a Xiaomei le va el rollo arrebato, porque pide más.</p>
<p>—Oh, sí… ¿Vas a lompelme las blagas también? —susurra Xiaomei al oído de Rosa.</p>
<p>—Claro que sí, chinita loca —contesta Rosa con voz entrecortada por la excitación. A Rosa le faltan manos para cumplir los deseos de Xiaomei, que no se corta a la hora de expresar sus fantasías y sus preferencias. Le gusta Xiaomei, jamás habría imaginado que tras ese rostro angelical de mirada rasgada se escondía una fiera indomable y exigente que no para de dar órdenes. “Arráncame esto”, “rómpeme aquello”… Y Rosa obedece sin rechistar hasta quedar ambas desnudas sobre la cama. Rosa está encima, y Xiaomei se retuerce como una anguila entre sus brazos mientras sigue ordenando.</p>
<p>—Acalíciame el potolo, caliño…</p>
<p>—¿El potolo? ¿Qué coño es eso? —se pregunta Rosa con un pezón de Xiaomei en la boca. Pero enseguida cae y desliza la mano hacia el terciopelo, buscando el clítoris erguido de la china. La manita de Xiaomei entre sus piernas enloquece a Rosa.</p>
<p>—¿Te gusta que te penetle así?</p>
<p>—Me encanta, Xiaomei —responde Rosa entre gemidos—. Y a ti, ¿te gusta esto?</p>
<p>—Me vuelves loca, Losa. Eles una guala…</p>
<p>Rosa y Xiaomei se dejan llevar por el delicioso vaivén de sus cuerpos, acompañado por una sinfonía perfecta de gritos, suspiros y gemidos que desemboca en un festival pirotécnico sin precedentes.</p>
<p>—¡Que me colo! ¡Que me colo! —grita Xiaomei justo antes del clímax. Rosa, más comedida en sus expresiones de placer, se corre casi en silencio y se deja caer sobre la cama, al lado de su amante. La escena de las dos chicas tumbadas boca arriba dura poco, porque Xiaomei se incorpora al cabo de pocos segundos y empieza a vestirse.</p>
<p>—¿Adónde vas? —pregunta Rosa.</p>
<p>—Tengo mucho culo —responde Xiaomei.</p>
<p>—Qué va, tienes un culito respingón y perfecto que me pone muy cachonda. Pero, ¿adónde vas?</p>
<p>—Tengo culo, mucho tlabajo en el lestaulante, ¿complendes?</p>
<p>Xiaomei, ya vestida de pies a cabeza, junta las manos para hacer una reverencia y se va. Y Rosa, desconcertada y excitada todavía, se desploma de nuevo sobre la cama, pensando en la mejor manera de contar a sus amigas su primera experiencia oriental.</p>
<p><em>(vídeo de Youtube: “Chinas locas 1”)</em></p>
<p><a href="http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/08/30/dejate-llevar-al-huerto-%e2%80%93-cochinas/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
<p>Relato dedicado al gobierno chino, que censura y prohíbe los relatos eróticos lésbicos:</p>
<p><a href="http://noticias.universogay.com/prohibidos-los-relatos-eroticos-lesbicos__21032011.html" target="_blank">http://noticias.universogay.com/prohibidos-los-relatos-eroticos-lesbicos__21032011.html</a></p>
<p><a href="http://www.carmepollina.com" target="_blank">La Polli-Carme Pollina</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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Cochina
—Aláncame la lopa, Losa!
A Rosa le cuesta lo suyo, pero al cabo de unos segundos, cuando su cerebro consigue procesar la información recibida, por fin comprende lo que Xiaomei intenta decirle entre suspiros y se pone manos a la obra,[...]</itunes:subtitle>
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Cochina
—Aláncame la lopa, Losa!
A Rosa le cuesta lo suyo, pero al cabo de unos segundos, cuando su cerebro consigue procesar la información recibida, por fin comprende lo que Xiaomei intenta decirle entre suspiros y se pone manos a la obra, o quizá debería decir “manos a la china”. Es la primera vez que Rosa se relaciona íntimamente con una mujer oriental; no le resulta nada fácil, pero lo encuentra tan excitante que cualquier barrera idiomática o cultural le parece anecdótica, un pequeño peaje que debe pagar para conseguir el premio: sentir entre sus brazos el calor que emana el cuerpecito de Xiaomei, que no es poco. Algunas amigas le habían hablado de la fogosidad de las mujeres chinas, y ahora Rosa está a punto de comprobarla por sí misma. Se siente tan ansiosa y excitada que no atina con los botones de la blusa de Xiaomei, así que decide arrancársela de cuajo en un ataque de lujuria, y parece que a Xiaomei le va el rollo arrebato, porque pide más.
—Oh, sí… ¿Vas a lompelme las blagas también? —susurra Xiaomei al oído de Rosa.
—Claro que sí, chinita loca —contesta Rosa con voz entrecortada por la excitación. A Rosa le faltan manos para cumplir los deseos de Xiaomei, que no se corta a la hora de expresar sus fantasías y sus preferencias. Le gusta Xiaomei, jamás habría imaginado que tras ese rostro angelical de mirada rasgada se escondía una fiera indomable y exigente que no para de dar órdenes. “Arráncame esto”, “rómpeme aquello”… Y Rosa obedece sin rechistar hasta quedar ambas desnudas sobre la cama. Rosa está encima, y Xiaomei se retuerce como una anguila entre sus brazos mientras sigue ordenando.
—Acalíciame el potolo, caliño…
—¿El potolo? ¿Qué coño es eso? —se pregunta Rosa con un pezón de Xiaomei en la boca. Pero enseguida cae y desliza la mano hacia el terciopelo, buscando el clítoris erguido de la china. La manita de Xiaomei entre sus piernas enloquece a Rosa.
—¿Te gusta que te penetle así?
—Me encanta, Xiaomei —responde Rosa entre gemidos—. Y a ti, ¿te gusta esto?
—Me vuelves loca, Losa. Eles una guala…
Rosa y Xiaomei se dejan llevar por el delicioso vaivén de sus cuerpos, acompañado por una sinfonía perfecta de gritos, suspiros y gemidos que desemboca en un festival pirotécnico sin precedentes.
—¡Que me colo! ¡Que me colo! —grita Xiaomei justo antes del clímax. Rosa, más comedida en sus expresiones de placer, se corre casi en silencio y se deja caer sobre la cama, al lado de su amante. La escena de las dos chicas tumbadas boca arriba dura poco, porque Xiaomei se incorpora al cabo de pocos segundos y empieza a vestirse.
—¿Adónde vas? —pregunta Rosa.
—Tengo mucho culo —responde Xiaomei.
—Qué va, tienes un culito respingón y perfecto que me pone muy cachonda. Pero, ¿adónde vas?
—Tengo culo, mucho tlabajo en el lestaulante, ¿complendes?
Xiaomei, ya vestida de pies a cabeza, junta las manos para hacer una reverencia y se va. Y Rosa, desconcertada y excitada todavía, se desploma de nuevo sobre la cama, pensando en la mejor manera de contar a sus amigas su primera experiencia oriental.
(vídeo de Youtube: “Chinas locas 1”)
Pinche aquí para ver el vídeo
Relato dedicado al gobierno chino, que censura y prohíbe los relatos eróticos lésbicos:
http://noticias.universogay.com/prohibidos-los-relatos-eroticos-lesbicos__21032011.html
La Polli-Carme Pollina
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		<title>Déjate llevar (al huerto) – REBELIÓN EN LA HUERTA</title>
		<link>http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/08/23/dejate-llevar-al-huerto-%e2%80%93-rebelion-en-la-huerta/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Aug 2012 04:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Rebelión en la huerta MARÍA: ¿Has leído el periódico de hoy? MARGARITA: No, ¿qué dice? MARÍA: Malas noticias para nosotras, las mediterráneas. Parece que triunfan las plantas tropicales. Escucha: “Hoy en día, quienes defienden la dieta del sexo dicen que los mejores afrodisíacos naturales vienen de tierras tropicales. Una buena dieta sexual debe incluir un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm3.static.flickr.com/2639/5798914857_f175f89be7_m.jpg" alt="3028799226_a0d03254c3" /></p>
<p><strong>Rebelión en la huerta</strong></p>
<p>MARÍA: ¿Has leído el periódico de hoy?</p>
<p>MARGARITA: No, ¿qué dice?</p>
<p>MARÍA: Malas noticias para nosotras, las mediterráneas. Parece que triunfan las plantas tropicales. Escucha: <em>“Hoy en día, quienes defienden la dieta del sexo dicen que los mejores afrodisíacos naturales vienen de tierras tropicales. Una buena dieta sexual debe incluir un desayuno con caimaroma, guapuricillo, jacana, tarumá y jugo de borojó. A mediodía, el plato puede ir acompañado de guacure, sapucaya, sachamango, ucuqui y zapotolongo. Por la tarde, un jugo de guaraná, mientras que por la noche puede cenar usiña, alimarjó, níspero, icaco y jugo de gulupa.”</em>. ¿Te suena alguna?</p>
<p>MARGARITA: Pues no, ninguna, pero puedo preguntar a Azucena o a Rosa.</p>
<p>MARÍA: Déjalo, seguro que tampoco las conocen. Tengo miedo, Marga.</p>
<p>MARGARITA: ¿De qué?</p>
<p>MARÍA: De que se enteren las amas, ya sabes que son unas salidas. Como lean esto, seguro que nos arrancan de cuajo y nos reemplazan por zapotolongos, gulupas y otras mierdas del Trópico.</p>
<p>MARGARITA: ¿Estás segura?</p>
<p>MARÍA: No, segura no estoy, pero tengo un mal presentimiento.</p>
<p>MARGARITA: Bah, por muy mal que vayan las cosas, seguro que a ti te respetarán, María. Nunca renunciarán a sus porritos nocturnos de cosecha propia. Las tienes bien enganchadas. En cambio, yo…</p>
<p>MARÍA: ¿Tú, qué? También eres imprescindible. Aparte de porretas, las amas son unas sentimentales que no terminan de encontrar a sus medias naranjas. No puedo ni contar las veces que las hemos visto llorar juntas sus penas aquí mismo, en el huerto. Recuerda cuántas amigas tuyas han acabado deshojadas en sus manos. Créeme, Marga, tampoco van a prescindir de ti. Tú también las tienes enganchadas, aunque lo tuyo es más bien emocional.</p>
<p>MARGARITA: Quiero creerte, María, pero… no sé… ¿Crees que se salvará alguien más?</p>
<p>MARÍA: Como mucho, todas las afrodisíacas y Zanahoria. Por lo que me contó el otro día, las amas estaban pensando en ampliar su parte del huerto. Se ve que también son adictas a las zanahorias, por culpa de sus bajas pasiones… ya sabes…</p>
<p>MARGARITA: ¡No me digas!</p>
<p>MARÍA: Sí, hace tiempo que corre el rumor, aunque ahora, con la llegada de las tropicales, no sé yo… ¿Sabes si alguna de esas con nombre extraño tiene forma alargada?</p>
<p>MARGARITA: Ni idea. Que Dios nos ampare.</p>
<p>MARÍA: Dios no va a hacer nada por nosotras, pero si crees que rezando lograrás sobrevivir, reza para que siga la mala racha amorosa de las amas. Yo recogeré firmas, a ver si me legalizan de una vez.</p>
<p>FUENTE:<a href="http://www.terra.com/mujer/articulo/html/hof22544.htm" target="_blank"> http://www.terra.com/mujer/articulo/html/hof22544.htm </a></p>
<p><em>Canciones infantiles – Frutas en la huerta de mi tío Antón</em></p>
<p><a href="http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/08/23/dejate-llevar-al-huerto-%e2%80%93-rebelion-en-la-huerta/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
<p>FOTO: bloguia_pablo</p>
<p><a href="http://www.flickr.com/photos/bluguia_pablo/3028799226/sizes/m/in/photostream/" target="_blank">http://www.flickr.com/photos/bluguia_pablo/3028799226/sizes/m/in/photostream/</a></p>
<p><a href="http://www.carmepollina.com" target="_blank">Carme Pollina-La Polli</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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Rebelión en la huerta
MARÍA: ¿Has leído el periódico de hoy?
MARGARITA: No, ¿qué dice?
MARÍA: Malas noticias para nosotras, las mediterráneas. Parece que triunfan las plantas tropicales. Escucha: “Hoy en día, quienes defienden la dieta del sexo dic[...]</itunes:subtitle>
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Rebelión en la huerta
MARÍA: ¿Has leído el periódico de hoy?
MARGARITA: No, ¿qué dice?
MARÍA: Malas noticias para nosotras, las mediterráneas. Parece que triunfan las plantas tropicales. Escucha: “Hoy en día, quienes defienden la dieta del sexo dicen que los mejores afrodisíacos naturales vienen de tierras tropicales. Una buena dieta sexual debe incluir un desayuno con caimaroma, guapuricillo, jacana, tarumá y jugo de borojó. A mediodía, el plato puede ir acompañado de guacure, sapucaya, sachamango, ucuqui y zapotolongo. Por la tarde, un jugo de guaraná, mientras que por la noche puede cenar usiña, alimarjó, níspero, icaco y jugo de gulupa.”. ¿Te suena alguna?
MARGARITA: Pues no, ninguna, pero puedo preguntar a Azucena o a Rosa.
MARÍA: Déjalo, seguro que tampoco las conocen. Tengo miedo, Marga.
MARGARITA: ¿De qué?
MARÍA: De que se enteren las amas, ya sabes que son unas salidas. Como lean esto, seguro que nos arrancan de cuajo y nos reemplazan por zapotolongos, gulupas y otras mierdas del Trópico.
MARGARITA: ¿Estás segura?
MARÍA: No, segura no estoy, pero tengo un mal presentimiento.
MARGARITA: Bah, por muy mal que vayan las cosas, seguro que a ti te respetarán, María. Nunca renunciarán a sus porritos nocturnos de cosecha propia. Las tienes bien enganchadas. En cambio, yo…
MARÍA: ¿Tú, qué? También eres imprescindible. Aparte de porretas, las amas son unas sentimentales que no terminan de encontrar a sus medias naranjas. No puedo ni contar las veces que las hemos visto llorar juntas sus penas aquí mismo, en el huerto. Recuerda cuántas amigas tuyas han acabado deshojadas en sus manos. Créeme, Marga, tampoco van a prescindir de ti. Tú también las tienes enganchadas, aunque lo tuyo es más bien emocional.
MARGARITA: Quiero creerte, María, pero… no sé… ¿Crees que se salvará alguien más?
MARÍA: Como mucho, todas las afrodisíacas y Zanahoria. Por lo que me contó el otro día, las amas estaban pensando en ampliar su parte del huerto. Se ve que también son adictas a las zanahorias, por culpa de sus bajas pasiones… ya sabes…
MARGARITA: ¡No me digas!
MARÍA: Sí, hace tiempo que corre el rumor, aunque ahora, con la llegada de las tropicales, no sé yo… ¿Sabes si alguna de esas con nombre extraño tiene forma alargada?
MARGARITA: Ni idea. Que Dios nos ampare.
MARÍA: Dios no va a hacer nada por nosotras, pero si crees que rezando lograrás sobrevivir, reza para que siga la mala racha amorosa de las amas. Yo recogeré firmas, a ver si me legalizan de una vez.
FUENTE: http://www.terra.com/mujer/articulo/html/hof22544.htm 
Canciones infantiles – Frutas en la huerta de mi tío Antón
Pinche aquí para ver el vídeo
FOTO: bloguia_pablo
http://www.flickr.com/photos/bluguia_pablo/3028799226/sizes/m/in/photostream/
Carme Pollina-La Polli
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		<title>Déjate llevar (al huerto) – De tres en tres</title>
		<link>http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/08/16/dejate-llevar-al-huerto-%e2%80%93-071210-%e2%80%93-de-tres-en-tres/</link>
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		<pubDate>Thu, 16 Aug 2012 04:20:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[(intro Polli) Dicen que tres son multitud, y para algunas personas puede ser cierto. Pero para otras, ser tres en la cama puede ser una experiencia diferente, original y enriquecedora, ya sea practicándola de manera puntual o bien habitualmente. Pero, claro, el ménage à trois es, como mínimo, complicado, tanto en la forma como en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm6.static.flickr.com/5170/5233563587_23332ec98f_m.jpg" alt="las_tres_gracias" /></p>
<p><em><span style="color: #ff0000">(intro Polli)</span></em></p>
<p>Dicen que tres son multitud, y para algunas personas puede ser cierto. Pero para otras, ser tres en la cama puede ser una experiencia diferente, original y enriquecedora, ya sea practicándola de manera puntual o bien habitualmente. Pero, claro, el <em>ménage à trois</em> es, como mínimo, complicado, tanto en la forma como en el fondo. ¿Sabíais que, según la Wikipedia, este término, <em>ménage à trois</em>, originalmente describía un acuerdo doméstico en el que tres personas que tienen relaciones sexuales habitan el mismo hogar? Por eso se traduce literalmente como “hogar de tres”. Pero actualmente, el término designa más frecuentemente a un trío sexual cuyos miembros pueden convivir o no.</p>
<p>Después de haberlo hablado mucho, se han decidido, por fin. Las dos lo tienen ahora muy claro. Será esta noche. Ambas llevan tiempo fijándose en la misma chica cada vez que coinciden con ella cuando salen por el ambiente. La chica en cuestión es normal, de mediana estatura, de mediana edad, de mediana belleza… Todo en ella está dentro de la media, y quizá sea eso, su medianía, su normalidad, lo que las atrae.</p>
<p>Cuando llegan a Tú Sabes para cenar, la chica ya está ahí, acodada en la barra frente a su copa de vino blanco. Ni siquiera las mira.</p>
<p>—¿Vas tú o voy yo? —pregunta la primera. Y la segunda no vacila al contestar, visiblemente nerviosa.</p>
<p>—Ve tú, anda, que a mí me da no sé qué.</p>
<p>—Desde luego, si fuera por ti… ¿Estás segura de que quieres probarlo? No tenemos que hacerlo si no queremos.</p>
<p>—Que sí, que sí. Anda, ve. Yo te espero aquí y pido un par de cañas.</p>
<p>—Voy.</p>
<p>Al cabo de nada, la primera vuelve a la mesa donde está la segunda. Viene de hablar con la tercera, la de la barra. La segunda está ansiosa por saber.</p>
<p>—¿Qué? ¿Qué?</p>
<p>—Dice que vale, que la avisemos cuando nos vayamos y que vendrá con nosotras a casa. ¿No te da un poco de miedo?</p>
<p>—Un poco sí, la verdad.</p>
<p>Sin hablar apenas, la primera y la segunda se concentran en su cena, mirando de reojo a la tercera de vez en cuando y pensando en lo que ocurrirá más tarde en su casa, cuando estén las dos desnudas frente a una desconocida, también desnuda. Se preguntan cómo será hacer el amor a tres bandas, quién llevará la iniciativa, qué ritmo se va a establecer entre ellas, qué complicidades se crearán, cómo se colocarán, qué sentirán, cómo se sentirán… Todo eso se preguntan, con cierta sensación de aventura y un punto de preocupación. Todavía no se han terminado el postre cuando la tercera se acerca a su mesa.</p>
<p>—¿Nos vamos ya? Tengo un poco de prisa esta noche.</p>
<p>—¿No quieres tomar un café con nosotras? —contesta la primera con una pregunta que sólo intenta demorar un poco más el encuentro sexual.</p>
<p>—No —sentencia la tercera— mejor lo tomamos en vuestra casa. Os espero en la calle. ¿Vais en coche?</p>
<p>—Sí, te llevamos —contesta la segunda con timidez.</p>
<p>Ya en casa, mientras la primera prepara café para las tres, la segunda y la tercera hablan en el salón.</p>
<p>—¿Dónde queréis hacerlo? —pregunta la tercera, a lo que la segunda contesta con un carraspeo inicial que delata su incomodidad frente a una pregunta tan directa.</p>
<p>—Ejem… Bueno, mejor en la cama, ¿no? Somos un poco tradicionales en eso. ¿Te parece bien?</p>
<p>—Lo que digáis. Por mí, como si queréis hacerlo en el balcón.</p>
<p>—¿En el balcón? ¿De verdad lo harías en el balcón, a riesgo de que nos vieran?</p>
<p>—Claro, ¿por qué no? El exhibicionismo me da morbo, ¿a ti no?</p>
<p>—No, yo prefiero la intimidad del dormitorio.</p>
<p>La primera entra en el salón con los cafés. La tercera toma una taza y bebe de un trago, a pesar de que el café está casi hirviendo. Parece tener mucha prisa.</p>
<p>—Tú has hecho esto muchas veces, ¿verdad? —pregunta la primera.</p>
<p>—Algunas —contesta la tercera, y añade— en cambio, se nota a la legua que vosotras sois primerizas—. Y sin decir más, empieza a quitarse la ropa. En pocos segundos, está completamente desnuda y echada en el sofá. La primera y la segunda se miran asombradas, deciden dejar el café para más tarde y se desnudan también. Al cabo de media hora escasa, todo ha terminado. La sesión ha sido corta pero intensa, tan intensa que la primera y la segunda están exhaustas en el suelo, sobre la alfombra de IKEA. Pero la tercera ya está vestida y dispuesta a irse.</p>
<p>—Bueno, chicas, ha sido un placer. No habéis estado mal para ser la primera vez. Serán trescientos.</p>
<p>—¿Trescientos qué? —pregunta la segunda.</p>
<p>—Euros, trescientos euros. Cien por cada una y cien más en concepto de mano de obra y desgaste físico. Es mi tarifa habitual para tríos. En efectivo, por favor.</p>
<p>Y la primera, sin inmutarse, se levanta del suelo para buscar su cartera en el bolsillo de su chaqueta, que está colgada en una de las sillas de la mesa del salón. Saca seis billetes de cincuenta euros y los entrega, doblados, a la tercera.</p>
<p>—Muchas gracias. Cuando queráis repetir, ya sabéis dónde encontrarme. No hace falta que me acompañéis hasta la puerta, conozco el camino. Adiós.</p>
<p>—Adiós, —balbucea la segunda mientras la tercera se aleja. Al cabo de nada, la primera y la segunda oyen un ruido seco, es la puerta de la calle al cerrarse. Se miran, derrotadas, y la primera se dirige a la cocina para recalentar el café. Esta vez sí se lo tomarán, lo necesitan. Cuando vuelve al salón, pasados unos minutos, la primera parece preocupada.</p>
<p>—¿Qué te pasa? —le pregunta la segunda, que sigue tumbada sobre la alfombra del salón.</p>
<p>—Nada, es sólo que…</p>
<p>—¿Qué? —insiste la segunda. Y la primera, negando con la cabeza y con media sonrisa en los labios, como diciendo “qué idiotas somos”, formula una pregunta que flotará en el aire durante varios días.</p>
<p>—¿Tú has quitado el cuadro del pasillo, el del pintor ese medio famoso, que nos regalaron tus padres cuando nos casamos?</p>
<p><a href="http://www.carmepollina.com" target="_blank">La Polli-Carme Pollina</a></p>
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(intro Polli)
Dicen que tres son multitud, y para algunas personas puede ser cierto. Pero para otras, ser tres en la cama puede ser una experiencia diferente, original y enriquecedora, ya sea practicándola de manera puntual o bien habitualmente. Pe[...]</itunes:subtitle>
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(intro Polli)
Dicen que tres son multitud, y para algunas personas puede ser cierto. Pero para otras, ser tres en la cama puede ser una experiencia diferente, original y enriquecedora, ya sea practicándola de manera puntual o bien habitualmente. Pero, claro, el ménage à trois es, como mínimo, complicado, tanto en la forma como en el fondo. ¿Sabíais que, según la Wikipedia, este término, ménage à trois, originalmente describía un acuerdo doméstico en el que tres personas que tienen relaciones sexuales habitan el mismo hogar? Por eso se traduce literalmente como “hogar de tres”. Pero actualmente, el término designa más frecuentemente a un trío sexual cuyos miembros pueden convivir o no.
Después de haberlo hablado mucho, se han decidido, por fin. Las dos lo tienen ahora muy claro. Será esta noche. Ambas llevan tiempo fijándose en la misma chica cada vez que coinciden con ella cuando salen por el ambiente. La chica en cuestión es normal, de mediana estatura, de mediana edad, de mediana belleza… Todo en ella está dentro de la media, y quizá sea eso, su medianía, su normalidad, lo que las atrae.
Cuando llegan a Tú Sabes para cenar, la chica ya está ahí, acodada en la barra frente a su copa de vino blanco. Ni siquiera las mira.
—¿Vas tú o voy yo? —pregunta la primera. Y la segunda no vacila al contestar, visiblemente nerviosa.
—Ve tú, anda, que a mí me da no sé qué.
—Desde luego, si fuera por ti… ¿Estás segura de que quieres probarlo? No tenemos que hacerlo si no queremos.
—Que sí, que sí. Anda, ve. Yo te espero aquí y pido un par de cañas.
—Voy.
Al cabo de nada, la primera vuelve a la mesa donde está la segunda. Viene de hablar con la tercera, la de la barra. La segunda está ansiosa por saber.
—¿Qué? ¿Qué?
—Dice que vale, que la avisemos cuando nos vayamos y que vendrá con nosotras a casa. ¿No te da un poco de miedo?
—Un poco sí, la verdad.
Sin hablar apenas, la primera y la segunda se concentran en su cena, mirando de reojo a la tercera de vez en cuando y pensando en lo que ocurrirá más tarde en su casa, cuando estén las dos desnudas frente a una desconocida, también desnuda. Se preguntan cómo será hacer el amor a tres bandas, quién llevará la iniciativa, qué ritmo se va a establecer entre ellas, qué complicidades se crearán, cómo se colocarán, qué sentirán, cómo se sentirán… Todo eso se preguntan, con cierta sensación de aventura y un punto de preocupación. Todavía no se han terminado el postre cuando la tercera se acerca a su mesa.
—¿Nos vamos ya? Tengo un poco de prisa esta noche.
—¿No quieres tomar un café con nosotras? —contesta la primera con una pregunta que sólo intenta demorar un poco más el encuentro sexual.
—No —sentencia la tercera— mejor lo tomamos en vuestra casa. Os espero en la calle. ¿Vais en coche?
—Sí, te llevamos —contesta la segunda con timidez.
Ya en casa, mientras la primera prepara café para las tres, la segunda y la tercera hablan en el salón.
—¿Dónde queréis hacerlo? —pregunta la tercera, a lo que la segunda contesta con un carraspeo inicial que delata su incomodidad frente a una pregunta tan directa.
—Ejem… Bueno, mejor en la cama, ¿no? Somos un poco tradicionales en eso. ¿Te parece bien?
—Lo que digáis. Por mí, como si queréis hacerlo en el balcón.
—¿En el balcón? ¿De verdad lo harías en el balcón, a riesgo de que nos vieran?
—Claro, ¿por qué no? El exhibicionismo me da morbo, ¿a ti no?
—No, yo prefiero la intimidad del dormitorio.
La primera entra en el salón con los cafés. La tercera toma una taza y bebe de un trago, a pesar de que el café está casi hirviendo. Parece tener mucha prisa.
—Tú has hecho esto muchas veces, ¿verdad? —pregunta la primera.
—Algunas —contesta la tercera, y añade— en cambio, se nota a la legua que vosotras sois primerizas—. Y sin decir más, empieza a quitarse la ropa. En pocos segundos, está completamente desnuda y echada en el sofá. La primera y la segunda se miran asombradas, deciden dejar el café para más tarde y se desnudan también. Al cabo de media hora escasa, todo h[...]</itunes:summary>
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		<title>Déjate llevar (al huerto)  SEXO ENFADADO</title>
		<link>http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/08/09/dejate-llevar-al-huerto-sexo-enfadado/</link>
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		<pubDate>Thu, 09 Aug 2012 04:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Sexo enfadado Reconozcámoslo, algunas parejas disfrutan rompiendo una y otra vez por el mero placer de reconciliarse, sobre todo cuando la reconciliación implica mantener sexo enfadado. ¿Y qué es el sexo enfadado? Podemos definirlo como nos plazca, pero todas nos hacemos una idea bastante exacta. Follar con rabia, con resentimiento, sabiendo que nos estamos reconciliando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img src="http://farm4.static.flickr.com/3563/5822556793_bd131fc32d_m.jpg" alt="3363118612_dc57ec82b9" /><br />
</strong></p>
<p><strong>Sexo enfadado</strong></p>
<p>Reconozcámoslo, algunas parejas disfrutan rompiendo una y otra vez por el mero placer de reconciliarse, sobre todo cuando la reconciliación implica mantener sexo enfadado. ¿Y qué es el sexo enfadado? Podemos definirlo como nos plazca, pero todas nos hacemos una idea bastante exacta. Follar con rabia, con resentimiento, sabiendo que nos estamos reconciliando para romper de nuevo dentro de unos días. Arrancar más que desabrochar, morder más que besar, aspirar más que chupar, arañar más que acariciar… Eso es el sexo enfadado. Vendría a ser algo parecido al sadomasoquismo, pero con dos sádicas, o con dos masoquistas, según se mire. Y también con menos porcentaje de juego y mayor nivel de odio, por supuesto. Aunque algunos complementos asociados tradicionalmente al sadomasoquismo pueden resultar útiles también para el sexo enfadado: látigos, cadenas, esposas, pinzas…</p>
<p>Además de una acción y una puesta en escena de carácter más bien violento, el verbo también es parte importante del sexo enfadado. Si vamos a causar rasguños y moratones en otro cuerpo, no proceden el silencio ni las palabras bonitas, hay que hacerlo usando un vocabulario adecuado, como por ejemplo “¡ven aquí, zorra, voy a marcarte como a una res!”, o “¡no te resistas, cabrona, déjate follar!”, o cualquier otra expresión similar, siempre que sea soez y ofensiva.</p>
<p>Por otra parte, es indudable que el sexo enfadado requiere una buena forma física, de lo contrario, al día siguiente seréis todo agujetas. En este sentido, si se hiciera un estudio, quizá llegaríamos a la conclusión de que las parejas que practican sexo enfadado están más cachas que la media.</p>
<p>Pues eso, que de todo hay en la Viña de la Señora, y que nadie se crea con autoridad para juzgar a las demás por cómo se comportan en la cama o por sus métodos para ponerse cachondas. En el fondo, se trata de dejarse llevar y de follar como se quiera o como se pueda, ya sea como ángeles o como posesas. Y si no, que se lo pregunten a Regan Macneil, la niña de <em>El Exorcista</em>, toda una experta en sexo enfadado y en otras disciplinas igual de complicadas, como girar la cabeza 360° o bajar las escaleras haciendo el puente…</p>
<p><em>Vídeo – “El exorcista”</em></p>
<p><a href="http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/08/09/dejate-llevar-al-huerto-sexo-enfadado/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
<p>FOTO: NeoGabox</p>
<p><a href="http://www.flickr.com/photos/neogabox/3363118612/sizes/m/in/photostream/" target="_blank">http://www.flickr.com/photos/neogabox/3363118612/sizes/m/in/photostream/</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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Sexo enfadado
Reconozcámoslo, algunas parejas disfrutan rompiendo una y otra vez por el mero placer de reconciliarse, sobre todo cuando la reconciliación implica mantener sexo enfadado. ¿Y qué es el sexo enfadado? Podemos definirlo como nos plazca[...]</itunes:subtitle>
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Sexo enfadado
Reconozcámoslo, algunas parejas disfrutan rompiendo una y otra vez por el mero placer de reconciliarse, sobre todo cuando la reconciliación implica mantener sexo enfadado. ¿Y qué es el sexo enfadado? Podemos definirlo como nos plazca, pero todas nos hacemos una idea bastante exacta. Follar con rabia, con resentimiento, sabiendo que nos estamos reconciliando para romper de nuevo dentro de unos días. Arrancar más que desabrochar, morder más que besar, aspirar más que chupar, arañar más que acariciar… Eso es el sexo enfadado. Vendría a ser algo parecido al sadomasoquismo, pero con dos sádicas, o con dos masoquistas, según se mire. Y también con menos porcentaje de juego y mayor nivel de odio, por supuesto. Aunque algunos complementos asociados tradicionalmente al sadomasoquismo pueden resultar útiles también para el sexo enfadado: látigos, cadenas, esposas, pinzas…
Además de una acción y una puesta en escena de carácter más bien violento, el verbo también es parte importante del sexo enfadado. Si vamos a causar rasguños y moratones en otro cuerpo, no proceden el silencio ni las palabras bonitas, hay que hacerlo usando un vocabulario adecuado, como por ejemplo “¡ven aquí, zorra, voy a marcarte como a una res!”, o “¡no te resistas, cabrona, déjate follar!”, o cualquier otra expresión similar, siempre que sea soez y ofensiva.
Por otra parte, es indudable que el sexo enfadado requiere una buena forma física, de lo contrario, al día siguiente seréis todo agujetas. En este sentido, si se hiciera un estudio, quizá llegaríamos a la conclusión de que las parejas que practican sexo enfadado están más cachas que la media.
Pues eso, que de todo hay en la Viña de la Señora, y que nadie se crea con autoridad para juzgar a las demás por cómo se comportan en la cama o por sus métodos para ponerse cachondas. En el fondo, se trata de dejarse llevar y de follar como se quiera o como se pueda, ya sea como ángeles o como posesas. Y si no, que se lo pregunten a Regan Macneil, la niña de El Exorcista, toda una experta en sexo enfadado y en otras disciplinas igual de complicadas, como girar la cabeza 360° o bajar las escaleras haciendo el puente…
Vídeo – “El exorcista”
Pinche aquí para ver el vídeo
FOTO: NeoGabox
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		<title>Déjate llevar (al huerto):Salidas del armario</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Aug 2012 04:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(hoy la introducción la leo yo…) Dejarse llevar implica hacer lo que se quiere hacer de verdad, y eso estaría muy bien si no fuera por las consecuencias que todo acto conlleva. Y cuando se trata de salir del armario, las consecuencias pueden ser graves, sobre todo si no se han tenido en cuenta antes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><span style="color: #ff0000">(hoy la introducción la leo yo…)</span></em></p>
<p>Dejarse llevar implica hacer lo que se quiere hacer de verdad, y eso estaría muy bien si no fuera por las consecuencias que todo acto conlleva. Y cuando se trata de salir del armario, las consecuencias pueden ser graves, sobre todo si no se han tenido en cuenta antes de decir a la familia y a todo tu entorno que eres lesbiana. A veces, incluso puede ser mejor no decir nada y dejar que lo vean con sus propios ojos…</p>
<p><strong>Salidas del armario</strong></p>
<p>Salir o no salir… Ésa es la cuestión. ¿Tiene sentido gritar al mundo: “soy lesbiana y me encanta”? ¿Acaso alguien grita “soy heterosexual y me encanta”? En un mundo ideal, no haría falta que nadie saliera de ningún lugar, porque todas y todos viviríamos compartiendo un mismo espacio en plena igualdad. Pero no es así, y si no salimos nadie nos ve, no existimos, excepto cuando se trata de pagar impuestos. A la hora de contribuir al mantenimiento de la maquinaria de gobierno existimos como las que más, en total igualdad con heterosexuales, asexuales, metrosexuales y otras faunas sociales.</p>
<p>En cualquier caso, salir del armario implica siempre la necesidad de dejarse llevar. Salimos porque queremos salir. Pero, en este caso, no te vamos a recomendar que te lances de cabeza sino que, por el contrario, sopeses muy bien los pros y los contras de tu salida. Ten en cuenta las características de tu entorno: ¿es abierto o, por el contario, es muy homófobo? ¿Qué relación tienes con tus progenitores? Si tu padre es militar y tu madre acude asiduamente a misa vespertina, mejor que salgas del armario cuando te hayas emancipado. O, si quieres decírselo de todas maneras viviendo bajo su mismo techo, asegúrate de tener las puertas abiertas en casa de alguna amiga o de algún pariente de mentalidad abierta, por si tuvieras que salir por piernas.</p>
<p>Lo mejor que te puede pasar es salir del armario acompañada por una novia o por una amiga lesbiana que ya esté fuera. Para el caso, un amigo abiertamente gay también sirve. Así te sentirás más segura y menos desamparada.</p>
<p>Una vez que hayas pensado sobre todo esto y hayas calculado el alcance de las consecuencias… entonces sí… ¡déjate llevar y sal!</p>
<p><em>(vídeo de Youtube “salir del armario”. El audio es muy malo, lo importante son las imágenes)</em></p>
<p><a href="http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/08/02/dejate-llevar-al-huertosalidas-del-armario/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
<p><a href="http://www.carmepollina.com" target="_blank">La Polli-Carme Pollina</a></p>
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		<itunes:subtitle>(hoy la introducción la leo yo…)
Dejarse llevar implica hacer lo que se quiere hacer de verdad, y eso estaría muy bien si no fuera por las consecuencias que todo acto conlleva. Y cuando se trata de salir del armario, las consecuencias pueden ser gra[...]</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>(hoy la introducción la leo yo…)
Dejarse llevar implica hacer lo que se quiere hacer de verdad, y eso estaría muy bien si no fuera por las consecuencias que todo acto conlleva. Y cuando se trata de salir del armario, las consecuencias pueden ser graves, sobre todo si no se han tenido en cuenta antes de decir a la familia y a todo tu entorno que eres lesbiana. A veces, incluso puede ser mejor no decir nada y dejar que lo vean con sus propios ojos…
Salidas del armario
Salir o no salir… Ésa es la cuestión. ¿Tiene sentido gritar al mundo: “soy lesbiana y me encanta”? ¿Acaso alguien grita “soy heterosexual y me encanta”? En un mundo ideal, no haría falta que nadie saliera de ningún lugar, porque todas y todos viviríamos compartiendo un mismo espacio en plena igualdad. Pero no es así, y si no salimos nadie nos ve, no existimos, excepto cuando se trata de pagar impuestos. A la hora de contribuir al mantenimiento de la maquinaria de gobierno existimos como las que más, en total igualdad con heterosexuales, asexuales, metrosexuales y otras faunas sociales.
En cualquier caso, salir del armario implica siempre la necesidad de dejarse llevar. Salimos porque queremos salir. Pero, en este caso, no te vamos a recomendar que te lances de cabeza sino que, por el contrario, sopeses muy bien los pros y los contras de tu salida. Ten en cuenta las características de tu entorno: ¿es abierto o, por el contario, es muy homófobo? ¿Qué relación tienes con tus progenitores? Si tu padre es militar y tu madre acude asiduamente a misa vespertina, mejor que salgas del armario cuando te hayas emancipado. O, si quieres decírselo de todas maneras viviendo bajo su mismo techo, asegúrate de tener las puertas abiertas en casa de alguna amiga o de algún pariente de mentalidad abierta, por si tuvieras que salir por piernas.
Lo mejor que te puede pasar es salir del armario acompañada por una novia o por una amiga lesbiana que ya esté fuera. Para el caso, un amigo abiertamente gay también sirve. Así te sentirás más segura y menos desamparada.
Una vez que hayas pensado sobre todo esto y hayas calculado el alcance de las consecuencias… entonces sí… ¡déjate llevar y sal!
(vídeo de Youtube “salir del armario”. El audio es muy malo, lo importante son las imágenes)
Pinche aquí para ver el vídeo
La Polli-Carme Pollina</itunes:summary>
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		<title>Déjate llevar (al huerto)  COLONIAS DE VERANO</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jul 2012 04:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Colonias de verano Las colonias del verano del 84, cómo olvidarlas. Sandra no puede, a pesar del paso de los años. Recuerda como si fuera ayer su llegada al campamento; el coche de su madre alejándose; los besos de presentación con Andrea, su compañera de litera; las miradas con Andrea; las risas con Andrea; los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img src="http://farm6.static.flickr.com/5079/5893502050_d6ea169c00_m.jpg" alt="375287267_6d7785e0b4" /></strong></p>
<p><strong>Colonias de verano</strong></p>
<p>Las colonias del verano del 84, cómo olvidarlas. Sandra no puede, a pesar del paso de los años. Recuerda como si fuera ayer su llegada al campamento; el coche de su madre alejándose; los besos de presentación con Andrea, su compañera de litera; las miradas con Andrea; las risas con Andrea; los días con Andrea; las noches de charla con Andrea, una encima y otra debajo, cada una en su cama; los juegos con Andrea, los besos con Andrea, una encima y otra debajo, en la misma cama… Los ojos de Andrea; la piel de Andrea; la colonia de Andrea, ese intenso olor a jazmín…</p>
<p>A jazmín de Madagascar, lo supo mucho después, por casualidad, en una perfumería centenaria de Le Marais. No buscaba nada, solo disfrutaba de una tarde de compras en el París más bohemio y se dejó llevar, atraída por los frascos de colores y esa mezcla de aromas de las tiendas de perfumes. Y entre ellos, uno en especial, el que la devolvió a la adolescencia entre efluvios de pasión. Se llevó todos los frascos y el vaporizador. La anciana venerable del mostrador sonrió y no preguntó.</p>
<p>Dejó París y volvió a su casa, a su vida, pero nada fue lo mismo. Cada noche, al acostarse con unas gotas de jazmín de Madagascar se repetía la misma pregunta una y otra vez: “¿Dónde andará?”…</p>
<p>Vídeo Youtube: “El campamento maldito”</p>
<p><a href="http://inoutradio.com/dejatellevar/2012/07/26/dejate-llevar-al-huerto-colonias-de-verano/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
<p>FOTO: williamcho</p>
<p><a href="http://www.flickr.com/photos/adforce1/375287267/sizes/m/in/photostream/" target="_blank">http://www.flickr.com/photos/adforce1/375287267/sizes/m/in/photostream/</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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Colonias de verano
Las colonias del verano del 84, cómo olvidarlas. Sandra no puede, a pesar del paso de los años. Recuerda como si fuera ayer su llegada al campamento; el coche de su madre alejándose; los besos de presentación con Andrea, su compa[...]</itunes:subtitle>
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Colonias de verano
Las colonias del verano del 84, cómo olvidarlas. Sandra no puede, a pesar del paso de los años. Recuerda como si fuera ayer su llegada al campamento; el coche de su madre alejándose; los besos de presentación con Andrea, su compañera de litera; las miradas con Andrea; las risas con Andrea; los días con Andrea; las noches de charla con Andrea, una encima y otra debajo, cada una en su cama; los juegos con Andrea, los besos con Andrea, una encima y otra debajo, en la misma cama… Los ojos de Andrea; la piel de Andrea; la colonia de Andrea, ese intenso olor a jazmín…
A jazmín de Madagascar, lo supo mucho después, por casualidad, en una perfumería centenaria de Le Marais. No buscaba nada, solo disfrutaba de una tarde de compras en el París más bohemio y se dejó llevar, atraída por los frascos de colores y esa mezcla de aromas de las tiendas de perfumes. Y entre ellos, uno en especial, el que la devolvió a la adolescencia entre efluvios de pasión. Se llevó todos los frascos y el vaporizador. La anciana venerable del mostrador sonrió y no preguntó.
Dejó París y volvió a su casa, a su vida, pero nada fue lo mismo. Cada noche, al acostarse con unas gotas de jazmín de Madagascar se repetía la misma pregunta una y otra vez: “¿Dónde andará?”…
Vídeo Youtube: “El campamento maldito”
Pinche aquí para ver el vídeo
FOTO: williamcho
http://www.flickr.com/photos/adforce1/375287267/sizes/m/in/photostream/
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		<title>Déjate llevar (al huerto) – Sadomasoquismo</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Aug 2011 06:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Carme Pollina]]></category>
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		<category><![CDATA[sadomasoquismo]]></category>

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		<description><![CDATA[(intro Polli) &#160; Los caminos hacia el placer son muy variados y, muchas veces, pueden sorprendernos. Dejarse llevar también significa ser capaces de adentrarnos en prácticas que, a priori, pueden parecernos muy alejadas de nuestra visión del mundo. Y además, lo que mal empieza no siempre tiene que acabar mal… &#160; (texto Satchi) &#160; Sadomasoquismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm6.static.flickr.com/5090/5290479035_38a2378e64_m.jpg" alt="sadomasoquismo" /></p>
<p><em><span style="color: #ff0000">(intro Polli)</span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los caminos hacia el placer son muy variados y, muchas veces, pueden sorprendernos. Dejarse llevar también significa ser capaces de adentrarnos en prácticas que, a priori, pueden parecernos muy alejadas de nuestra visión del mundo. Y además, lo que mal empieza no siempre tiene que acabar mal…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>(texto Satchi)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sadomasoquismo</strong></p>
<p>—He sido una niña muy mala —susurra Soraya al oído de su acompañante.</p>
<p>—Entonces tendré que darte fuerte —contesta la acompañante, a quien Soraya ha conocido un par de horas antes en un local para mujeres con intereses sadomasoquistas. —Grabaré mi nombre a fuego sobre tu piel, para que no te olvides nunca de Estefanía.</p>
<p>Al oír el nombre, Soraya, enfundada en cuero negro y tendida sobre un camastro metálico, se incorpora, sorprendida.</p>
<p>—¿Estefanía? ¿Cómo que Estefanía? ¿No te llamabas Irma, tú?</p>
<p>Ahora es Estefanía quien se sorprende y baja el látigo que estaba a punto de usar.</p>
<p>—No, yo me llamo Estefanía.</p>
<p>—No puede ser. Tú eres Irma, que significa “la grande, la fuerte”. Me lo has contado tú misma mientras bebíamos champán en la barra.</p>
<p>—Que no.</p>
<p>—¿Y tampoco te haces llamar “Lady Túrmix”?</p>
<p>­—No, yo soy Estefanía a secas. ¿Qué te pasa ahora? ¡Pero si me has dicho que te morías por llegar a casa para que te pegara y te humillara a tope! Vamos, túmbate, que te doy…</p>
<p>Pero, en lugar de tumbarse de nuevo, Soraya se levanta del camastro y enciende un cigarrillo.</p>
<p>—Lo siento… creo que… me he confundido. Es que las dominatrices os vestís todas igual, ¡y todas con antifaz! Y claro, así es muy fácil hacerse un lío… Seguramente me habré equivocado al volver del baño. Te he visto en la barra, en el mismo lugar donde había dejado a Irma, y he dado por sentado que eras ella. Lo siento, Estefanía, pero tendrás que marcharte.</p>
<p>—¿Cómo? —pregunta Estefanía, con incredulidad— ¿Después de ponerme cachonda, ahora me dices que me vaya?</p>
<p>—Sí —contesta Soraya— no me pone que me pegue alguien que se llama Estefanía. No te ofendas, pero tu nombre me suena a ternura, a candidez, a Navidad, nada que ver con lo que se espera de una dominadora. Yo quería que me azotara Lady Túrmix.</p>
<p>Estefanía no puede creer lo que oye.</p>
<p>—Pero, ¿qué más da quién te pegue?</p>
<p>—A mí sí me importa —contesta Soraya, con aplomo. Por favor, vete.</p>
<p>—No puedo —replica Estefanía— cuando estoy cachonda, necesito pegar. Si no lo hago, se me queda el cuerpo muy mal y no duermo durante, al menos, tres días seguidos.</p>
<p>De inmediato, Soraya recoge cuatro almohadones grandes que estaban esparcidos por el suelo y los tira sobre el camastro.</p>
<p>—Adelante, Estefanía, dales fuerte, yo te ayudo gimiendo un poco, para que disfrutes más. ¿Te vale así?</p>
<p>Sentada en un butacón en una esquina de la habitación, Soraya se aclara la voz mientras Estefanía empieza a azotar los almohadones sin piedad. Después de cada golpe, Soraya emite un tímido gemido de placer, más que nada para cumplir con el expediente. No quiere que Estefanía se marche de su casa con las manos vacías, es lo mínimo que puede hacer por ella para tratar de arreglar su lamentable equivocación.</p>
<p>A los pocos minutos, Estefanía está encendida de placer, azotando los almohadones con brutalidad seductora y relamiéndose sin parar. Está tan excitada que Soraya nota que se excita también solo con verla, a pesar de no sentir sus azotes. Sin darse cuenta, sus gemidos ganan en intención e intensidad y se coordinan cada vez mejor con la escenificación de Estefanía. Tanto se acoplan los azotes de una y los gemidos de la otra que la sinfonía a dos manos y una voz que, sin saberlo, acaban de inventar, explota en un perfecto y apoteósico orgasmo sincronizado. Y así, Estefanía de bruces sobre los almohadones y Soraya desparramada en el butacón, se sonríen y se dan las gracias entre respiraciones entrecortadas.</p>
<p>—Ha sido un placer, Soraya.</p>
<p>—Lo mismo digo, Estefanía.</p>
<p><em><span style="color: #ff0000">(vídeo Youtube – “Mom is Santa”</span></em></p>
<p><a href="http://inoutradio.com/dejatellevar/2011/08/30/dejate-llevar-al-huerto-%e2%80%93-sadomasoquismo/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
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(intro Polli)
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Los caminos hacia el placer son muy variados y, muchas veces, pueden sorprendernos. Dejarse llevar también significa ser capaces de adentrarnos en prácticas que, a priori, pueden parecernos muy alejadas de nuestra visión del mu[...]</itunes:subtitle>
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(intro Polli)
&#160;
Los caminos hacia el placer son muy variados y, muchas veces, pueden sorprendernos. Dejarse llevar también significa ser capaces de adentrarnos en prácticas que, a priori, pueden parecernos muy alejadas de nuestra visión del mundo. Y además, lo que mal empieza no siempre tiene que acabar mal…
&#160;
(texto Satchi)
&#160;
Sadomasoquismo
—He sido una niña muy mala —susurra Soraya al oído de su acompañante.
—Entonces tendré que darte fuerte —contesta la acompañante, a quien Soraya ha conocido un par de horas antes en un local para mujeres con intereses sadomasoquistas. —Grabaré mi nombre a fuego sobre tu piel, para que no te olvides nunca de Estefanía.
Al oír el nombre, Soraya, enfundada en cuero negro y tendida sobre un camastro metálico, se incorpora, sorprendida.
—¿Estefanía? ¿Cómo que Estefanía? ¿No te llamabas Irma, tú?
Ahora es Estefanía quien se sorprende y baja el látigo que estaba a punto de usar.
—No, yo me llamo Estefanía.
—No puede ser. Tú eres Irma, que significa “la grande, la fuerte”. Me lo has contado tú misma mientras bebíamos champán en la barra.
—Que no.
—¿Y tampoco te haces llamar “Lady Túrmix”?
­—No, yo soy Estefanía a secas. ¿Qué te pasa ahora? ¡Pero si me has dicho que te morías por llegar a casa para que te pegara y te humillara a tope! Vamos, túmbate, que te doy…
Pero, en lugar de tumbarse de nuevo, Soraya se levanta del camastro y enciende un cigarrillo.
—Lo siento… creo que… me he confundido. Es que las dominatrices os vestís todas igual, ¡y todas con antifaz! Y claro, así es muy fácil hacerse un lío… Seguramente me habré equivocado al volver del baño. Te he visto en la barra, en el mismo lugar donde había dejado a Irma, y he dado por sentado que eras ella. Lo siento, Estefanía, pero tendrás que marcharte.
—¿Cómo? —pregunta Estefanía, con incredulidad— ¿Después de ponerme cachonda, ahora me dices que me vaya?
—Sí —contesta Soraya— no me pone que me pegue alguien que se llama Estefanía. No te ofendas, pero tu nombre me suena a ternura, a candidez, a Navidad, nada que ver con lo que se espera de una dominadora. Yo quería que me azotara Lady Túrmix.
Estefanía no puede creer lo que oye.
—Pero, ¿qué más da quién te pegue?
—A mí sí me importa —contesta Soraya, con aplomo. Por favor, vete.
—No puedo —replica Estefanía— cuando estoy cachonda, necesito pegar. Si no lo hago, se me queda el cuerpo muy mal y no duermo durante, al menos, tres días seguidos.
De inmediato, Soraya recoge cuatro almohadones grandes que estaban esparcidos por el suelo y los tira sobre el camastro.
—Adelante, Estefanía, dales fuerte, yo te ayudo gimiendo un poco, para que disfrutes más. ¿Te vale así?
Sentada en un butacón en una esquina de la habitación, Soraya se aclara la voz mientras Estefanía empieza a azotar los almohadones sin piedad. Después de cada golpe, Soraya emite un tímido gemido de placer, más que nada para cumplir con el expediente. No quiere que Estefanía se marche de su casa con las manos vacías, es lo mínimo que puede hacer por ella para tratar de arreglar su lamentable equivocación.
A los pocos minutos, Estefanía está encendida de placer, azotando los almohadones con brutalidad seductora y relamiéndose sin parar. Está tan excitada que Soraya nota que se excita también solo con verla, a pesar de no sentir sus azotes. Sin darse cuenta, sus gemidos ganan en intención e intensidad y se coordinan cada vez mejor con la escenificación de Estefanía. Tanto se acoplan los azotes de una y los gemidos de la otra que la sinfonía a dos manos y una voz que, sin saberlo, acaban de inventar, explota en un perfecto y apoteósico orgasmo sincronizado. Y así, Estefanía de bruces sobre los almohadones y Soraya desparramada en el butacón, se sonríen y se dan las gracias entre respiraciones entrecortadas.
—Ha sido un placer, Soraya.
—Lo mismo digo, Estefanía.
(vídeo Youtube – “Mom is Santa”
Pinche aquí para ver el vídeo[...]</itunes:summary>
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		<title>Déjate llevar (al huerto) Bienvenida al club.</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Aug 2011 06:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ana Satchi]]></category>
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		<category><![CDATA[Déjate Llevar al huerto]]></category>
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		<description><![CDATA[Déjate llevar (al huerto) –  Bienvenida al club (esto es para que lo lea la satchi…) A veces nos ocurren cosas que nos obligan a replantearnos la vida, situaciones inesperadas que dan un giro completo a nuestra existencia. En estos casos, lo más difícil es siempre decidir entre seguir como estamos o dejarnos llevar por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Déjate llevar (al huerto) –  Bienvenida al club</strong></p>
<p><em><span style="color: #800000">(esto es para que lo lea la satchi…)</span></em></p>
<p>A veces nos ocurren cosas que nos obligan a replantearnos la vida, situaciones inesperadas que dan un giro completo a nuestra existencia. En estos casos, lo más difícil es siempre decidir entre seguir como estamos o dejarnos llevar por las nuevas circunstancias y ver hacia qué dirección nos llevan. Sin duda, dejarse llevar es siempre la opción más arriesgada, pero también es cierto que, quien no arriesga, no gana…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Bienvenida al club</strong></p>
<p>Ésta es una historia verídica. Hace unos días me llegó a través de la página web Lesbiana.es un correo electrónico de una mujer de Caracas (Venezuela), a quien llamaremos “A” para preservar su intimidad. En su mensaje me contaba que acababa de entrar en el mundo lésbico pero que tenía sus dudas acerca de volver a relacionarse con hombres. Leo un extracto de sus palabras:</p>
<p><em>“Hola, soy A. (…) Tengo apenas un mes en el ambiente y tengo una pareja que amo con todas mis fuerzas y con la que quiero ser feliz el resto de mi vida, pero tengo muy poca experiencia de verdad y no la quiero perder. Ella hizo que me diera cuenta de que estaba perdiendo el tiempo y mi esfuerzo con los hombres, (…) a pesar de todas mis dudas y toda esta vida nueva, sé que va a ser difícil porque aún siento que corre sangre heterosexual en mi cuerpo, pero también sé que lo voy a superar y podré llevar mi vida con tranquilidad&#8230; (…) Un beso desde Caracas – Venezuela.”</em></p>
<p>Un beso para ti también. Bienvenida al club, y recuerda siempre aquel dicho norteamericano que reza así: “Once you go gay there is no other way”, o lo que es lo mismo, “Una vez que cruzas la línea no hay vuelta atrás”.</p>
<p>Y por si esta frase tan elocuente no acaba de convencerte, te dejamos este vídeo, que explica de manera muy ilustrativa por qué algunas mujeres son lesbianas. Échale una ojeada y pregúntate si de verdad quieres volver a salir con hombres…</p>
<p><a href="http://inoutradio.com/dejatellevar/2011/08/23/dejate-llevar-al-huerto-bienvenida-al-club/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
<p>Déjate llevar, anda, déjate llevar…</p>
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		<title>Déjate llevar (al huerto) – Juguetes</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Aug 2011 06:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[inoutradio]]></category>
		<category><![CDATA[juguetes eróticos para mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[radio lésbica]]></category>
		<category><![CDATA[radio para mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[relatos lésbicos]]></category>

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		<description><![CDATA[(intro Polli) A la hora de dejarse llevar, los juguetes y accesorios sexuales pueden ser una opción a tener en cuenta, aunque a veces, si son demasiado perfectos, se convierten en una verdadera amenaza. La tecnología puede jugar muy malas pasadas y es capaz incluso de arruinar una relación perfecta. Por lo tanto, quizá conviene [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm6.static.flickr.com/5207/5251773637_5077f3bd3d_m.jpg" alt="Muñecas" /></p>
<p><em><span style="color: #ff0000">(intro Polli)</span></em></p>
<p>A la hora de dejarse llevar, los juguetes y accesorios sexuales pueden ser una opción a tener en cuenta, aunque a veces, si son demasiado perfectos, se convierten en una verdadera amenaza. La tecnología puede jugar muy malas pasadas y es capaz incluso de arruinar una relación perfecta. Por lo tanto, quizá conviene valorar muy bien el lugar y el espacio que deben ocupar estos artilugios en nuestra vida sexual… ¿Jugamos?&#8230;</p>
<p><em><span style="color: #ff0000">(texto Satchi)</span></em></p>
<p><strong>Juguetes</strong></p>
<p>Esther oye los aullidos de Sara, su mujer, desde la entrada. Hoy ha llegado antes porque su jefa ha anulado la reunión de la tarde sin previo aviso. Corre hacia la habitación, convencida de que encontrará a Sara revolcándose de dolor menstrual. Pero no. Bueno, sí, Sara está revolcándose, pero con otra mujer, y no parece que le duela nada, más bien al contrario.</p>
<p>—¡Sara! ¿Qué coño estás haciendo? —grita Esther, completamente fuera de sí.</p>
<p>Sara, con las mejillas encendidas de lujuria y vergüenza a partes iguales, contesta mientras descabalga a la otra.</p>
<p>—¿Yo?&#8230; Nada… ¿Qué haces tú aquí tan pronto?</p>
<p>—¿Cómo que nada? ¿Quién es esta guarra? ¿Desde cuándo te gustan las flácidas de piel rosada? ¿Y por qué no se mueve?</p>
<p>Esther se acerca a la cama, dispuesta a echar de su casa a la amante de su mujer. La agarra por un brazo con todas sus fuerzas para arrastrarla hacia la puerta, pero la chica es tan ligera que, sin pretenderlo, la levanta con una sola mano, como si fuera un globo de feria. Esther no entiende nada, necesita todavía unos segundos para hacerse cargo de la escena. Mira a Sara, tumbada en la cama, y luego a la chica que sostiene por encima de su cabeza, liviana y rígida como ninguna.</p>
<p>—Pero si es… ¿Una muñeca hinchable?&#8230; ¡Sara, por Dios!</p>
<p>Sara rompe a llorar.</p>
<p>—Perdóname, cariño, la vi en el sex shop de la esquina y me pareció tan bella, tan delicada, tan real… No he podido resistirme.</p>
<p>Esther, indignada, tira la muñeca al suelo y se sienta en el borde de la cama.</p>
<p>­—No puedo creer que te lo estuvieras montando con un ser inanimado de látex. ¿Me quieres decir qué tiene ella que no tenga yo?</p>
<p>Y Sara contesta, con aparente normalidad.</p>
<p>—Muchas cosas.</p>
<p>—¿Cómo? ¿Me estás vacilando?</p>
<p>—Tiene un dispositivo interno que se acciona automáticamente, y cuando la abrazas vibra toda, de pies a cabeza, y te da un gusto que para qué…</p>
<p>Esther no puede hablar de puro asombro, mientras Sara continúa su exposición.</p>
<p>—También lleva un arnés extensible, por si en un momento dado te apetece penetración. Y el botón de la oreja derecha activa el hilo musical con una selección de canciones de esas de ponerte cachonda… ¿Sabes cuáles te digo? Pero yo prefiero hacerlo sin música, cariño, ya lo sabes, para oír los gemidos… Linda también gime si le lames la entrepierna…</p>
<p>—¿Linda? —pregunta Esther— ¿Tiene nombre también?</p>
<p>—Sí, es perfecta, ¿verdad? Y es tan guapa… —responde Sara.</p>
<p>—¿Perfecta? ¡Es terrorífica! Me siento como si acabara de echar de mi cama a la muñeca diabólica&#8230; Pero, a ver, ¿qué pasa conmigo entonces? ¿Dónde quedo yo?</p>
<p>Sara ya no llora, su expresión es ahora feliz y relajada. En cambio, la cara de Esther refleja desesperación y derrota.</p>
<p>—Tú estás donde siempre, cariño —responde Sara—. Yo te quiero mucho, eres mi amor, mi compañera, mi todo. Me encanta hacer el amor contigo, aunque no vibres como Linda. Tú eres mucho más divertida, eso no te lo quita nadie…</p>
<p>—¡Basta! —interrumpe Esther, levantándose de la cama—, no quiero oír nada más. Has perdido la poca sensatez que te quedaba, Sara.</p>
<p>Esther sale de la habitación con paso firme.</p>
<p>—¿Adónde vas? ­—pregunta Sara desde la cama. Y Esther le contesta, ya en el pasillo.</p>
<p>—Déjame, voy a hacer la cena. ¿Preparo algo con la Thermomix o quieres follártela también? Como hace tantas cosas, a lo mejor te mola. Y de postres, te traigo el exprimidor, que también vibra.</p>
<p><a href="http://www.carmepollina.com" target="_blank">La Polli-Carme Pollina</a></p>
<p><a href="berenjenales@inoturadio.es" target="_blank">berenjenales@inoturadio.es</a></p>
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(intro Polli)
A la hora de dejarse llevar, los juguetes y accesorios sexuales pueden ser una opción a tener en cuenta, aunque a veces, si son demasiado perfectos, se convierten en una verdadera amenaza. La tecnología puede jugar muy malas pasadas y[...]</itunes:subtitle>
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(intro Polli)
A la hora de dejarse llevar, los juguetes y accesorios sexuales pueden ser una opción a tener en cuenta, aunque a veces, si son demasiado perfectos, se convierten en una verdadera amenaza. La tecnología puede jugar muy malas pasadas y es capaz incluso de arruinar una relación perfecta. Por lo tanto, quizá conviene valorar muy bien el lugar y el espacio que deben ocupar estos artilugios en nuestra vida sexual… ¿Jugamos?&#8230;
(texto Satchi)
Juguetes
Esther oye los aullidos de Sara, su mujer, desde la entrada. Hoy ha llegado antes porque su jefa ha anulado la reunión de la tarde sin previo aviso. Corre hacia la habitación, convencida de que encontrará a Sara revolcándose de dolor menstrual. Pero no. Bueno, sí, Sara está revolcándose, pero con otra mujer, y no parece que le duela nada, más bien al contrario.
—¡Sara! ¿Qué coño estás haciendo? —grita Esther, completamente fuera de sí.
Sara, con las mejillas encendidas de lujuria y vergüenza a partes iguales, contesta mientras descabalga a la otra.
—¿Yo?&#8230; Nada… ¿Qué haces tú aquí tan pronto?
—¿Cómo que nada? ¿Quién es esta guarra? ¿Desde cuándo te gustan las flácidas de piel rosada? ¿Y por qué no se mueve?
Esther se acerca a la cama, dispuesta a echar de su casa a la amante de su mujer. La agarra por un brazo con todas sus fuerzas para arrastrarla hacia la puerta, pero la chica es tan ligera que, sin pretenderlo, la levanta con una sola mano, como si fuera un globo de feria. Esther no entiende nada, necesita todavía unos segundos para hacerse cargo de la escena. Mira a Sara, tumbada en la cama, y luego a la chica que sostiene por encima de su cabeza, liviana y rígida como ninguna.
—Pero si es… ¿Una muñeca hinchable?&#8230; ¡Sara, por Dios!
Sara rompe a llorar.
—Perdóname, cariño, la vi en el sex shop de la esquina y me pareció tan bella, tan delicada, tan real… No he podido resistirme.
Esther, indignada, tira la muñeca al suelo y se sienta en el borde de la cama.
­—No puedo creer que te lo estuvieras montando con un ser inanimado de látex. ¿Me quieres decir qué tiene ella que no tenga yo?
Y Sara contesta, con aparente normalidad.
—Muchas cosas.
—¿Cómo? ¿Me estás vacilando?
—Tiene un dispositivo interno que se acciona automáticamente, y cuando la abrazas vibra toda, de pies a cabeza, y te da un gusto que para qué…
Esther no puede hablar de puro asombro, mientras Sara continúa su exposición.
—También lleva un arnés extensible, por si en un momento dado te apetece penetración. Y el botón de la oreja derecha activa el hilo musical con una selección de canciones de esas de ponerte cachonda… ¿Sabes cuáles te digo? Pero yo prefiero hacerlo sin música, cariño, ya lo sabes, para oír los gemidos… Linda también gime si le lames la entrepierna…
—¿Linda? —pregunta Esther— ¿Tiene nombre también?
—Sí, es perfecta, ¿verdad? Y es tan guapa… —responde Sara.
—¿Perfecta? ¡Es terrorífica! Me siento como si acabara de echar de mi cama a la muñeca diabólica&#8230; Pero, a ver, ¿qué pasa conmigo entonces? ¿Dónde quedo yo?
Sara ya no llora, su expresión es ahora feliz y relajada. En cambio, la cara de Esther refleja desesperación y derrota.
—Tú estás donde siempre, cariño —responde Sara—. Yo te quiero mucho, eres mi amor, mi compañera, mi todo. Me encanta hacer el amor contigo, aunque no vibres como Linda. Tú eres mucho más divertida, eso no te lo quita nadie…
—¡Basta! —interrumpe Esther, levantándose de la cama—, no quiero oír nada más. Has perdido la poca sensatez que te quedaba, Sara.
Esther sale de la habitación con paso firme.
—¿Adónde vas? ­—pregunta Sara desde la cama. Y Esther le contesta, ya en el pasillo.
—Déjame, voy a hacer la cena. ¿Preparo algo con la Thermomix o quieres follártela también? Como hace tantas cosas, a lo mejor te mola. Y de postres, te traigo el exprimidor, que también vibra.
La Polli-Carme Pollina
berenjenales@inoturadio.es[...]</itunes:summary>
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		<title>Déjate llevar (al huerto) – ¿En tu huerto o en el mío?</title>
		<link>http://inoutradio.com/dejatellevar/2011/08/09/dejate-llevar-al-huerto-%e2%80%93-%c2%bfen-tu-huerto-o-en-el-mio/</link>
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		<pubDate>Tue, 09 Aug 2011 06:00:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ana satchi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[(intro Satchi) A veces, dejarse llevar no es fácil, y mucho menos en el sentido literal de la expresión. Sales, conoces a alguien, os gustáis y queréis tener un encuentro íntimo esa misma noche. Pero, claro, como apenas os conocéis, a menudo os cuesta poneros de acuerdo para decidir el lugar de la cita, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm6.static.flickr.com/5284/5211379862_99b4869d5f_m.jpg" alt="Glenn_Close" /></p>
<p><em><span style="color: #ff0000">(intro Satchi)</span></em></p>
<p>A veces, dejarse llevar no es fácil, y mucho menos en el sentido literal de la expresión. Sales, conoces a alguien, os gustáis y queréis tener un encuentro íntimo esa misma noche. Pero, claro, como apenas os conocéis, a menudo os cuesta poneros de acuerdo para decidir el lugar de la cita, y además, el coche siempre resulta incómodo y no es nada serio, más aún a partir de cierta edad. Por si las lesbianas no fuéramos suficientemente complicadas por naturaleza, en estas ocasiones solemos complicarlo todo un poco más todavía… Queremos que nos lleven al huerto, sí, pero… ¿a cuál?</p>
<p><em><span style="color: #ff0000">(texto Polli)</span></em></p>
<p><strong>¿En tu huerto o en el mío?</strong></p>
<p>Los hombres gays quizá lo tienen más fácil, porque les encanta utilizar el cuarto oscuro, algo que a las lesbianas parece que no acaba de gustarnos del todo. Por eso, muchas veces, se nos plantea un problema cuando se nos presenta la oportunidad de un “aquí te pillo, aquí te mato”, y es que no sabemos dónde consumar nuestra urgencia sexual. ¿En casa de la chica que acabamos de conocer? ¿Y si resulta que es una psicópata en potencia y nos descuartiza con una sierra mecánica nada más cruzar la puerta para hacerse un colgante con nuestro clítoris? En estos casos, cuando vayáis a casa de alguien, fijaos siempre en si tiene los muebles envueltos en plástico industrial (¿habéis visto la película <em>American Psycho</em>?), porque eso puede daros una pista clara de por dónde pueden ir los tiros. Ante todo, los psicópatas y las psicópatas son siempre muy limpios y concienzudos, por lo menos los de las películas lo son…</p>
<p>Es cierto que algunas personas tienen miedo, y no sólo las chicas. Por eso, algunas lesbianas, y también algunos gays, suelen enviar mensajes de móvil a sus amigos o amigas de confianza diciéndoles exactamente dónde están cuando van de ligue ocasional, más que nada para que alguien encuentre su cadáver si se da el caso… Hay que tener siempre muy claro que no se puede follar con miedo, porque no se disfruta la experiencia.</p>
<p>Entonces, si no queremos ir a casa de la chica que acabamos de conocer, ¿adónde vamos? ¿A nuestra casa? ¿Y si luego la chica se encapricha y empieza a acosarnos durante meses al más puro estilo Glenn Close en <em>Atracción Fatal</em>? ¿Cómo nos la sacamos de encima si sabe dónde vivimos? Difícil situación, desde luego.</p>
<p>También podemos ir a un hotel, o alquilar un apartamento por horas, pero resulta caro, claro, y la economía no está como para lanzar cohetes. Otra opción, más barata y más segura, pero menos placentera, podría consistir en que cada una os vayáis a vuestra casa y practiquéis sexo telefónico o por Internet… Pero no es lo mismo, ¿verdad que no?&#8230;</p>
<p>No sé, es complicado, ¿y sabéis por qué es tan complicado, me parece a mí? Porque las lesbianas, en general, no queremos solamente sexo, además, queremos dormir con la chica, pasar la noche con ella, abrazándola y sintiendo su cuerpo junto al nuestro, y eso implica un despliegue logístico difícil de planificar en muchos casos. En cambio, conozco a muchos hombres gays que, según me cuentan, cuando terminan de eyacular ya se están abrochando los zapatos para irse. Pero no conozco a ninguna lesbiana que abandone el lugar de los hechos con semejante rapidez, o que lo confiese al menos.</p>
<p>Y mientras tanto, las lesbianas, además de sufrir doble invisibilidad, nos enfrentamos también a un doble dilema, porque tenemos que decidir primero entre dejarnos o no dejarnos llevar, que también nos cuesta lo nuestro a veces; y luego debemos decidir adónde nos dejamos llevar… ¿A tu huerto o al mío?&#8230;</p>
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A veces, dejarse llevar no es fácil, y mucho menos en el sentido literal de la expresión. Sales, conoces a alguien, os gustáis y queréis tener un encuentro íntimo esa misma noche. Pero, claro, como apenas os conocéis, a menudo os cue[...]</itunes:subtitle>
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(intro Satchi)
A veces, dejarse llevar no es fácil, y mucho menos en el sentido literal de la expresión. Sales, conoces a alguien, os gustáis y queréis tener un encuentro íntimo esa misma noche. Pero, claro, como apenas os conocéis, a menudo os cuesta poneros de acuerdo para decidir el lugar de la cita, y además, el coche siempre resulta incómodo y no es nada serio, más aún a partir de cierta edad. Por si las lesbianas no fuéramos suficientemente complicadas por naturaleza, en estas ocasiones solemos complicarlo todo un poco más todavía… Queremos que nos lleven al huerto, sí, pero… ¿a cuál?
(texto Polli)
¿En tu huerto o en el mío?
Los hombres gays quizá lo tienen más fácil, porque les encanta utilizar el cuarto oscuro, algo que a las lesbianas parece que no acaba de gustarnos del todo. Por eso, muchas veces, se nos plantea un problema cuando se nos presenta la oportunidad de un “aquí te pillo, aquí te mato”, y es que no sabemos dónde consumar nuestra urgencia sexual. ¿En casa de la chica que acabamos de conocer? ¿Y si resulta que es una psicópata en potencia y nos descuartiza con una sierra mecánica nada más cruzar la puerta para hacerse un colgante con nuestro clítoris? En estos casos, cuando vayáis a casa de alguien, fijaos siempre en si tiene los muebles envueltos en plástico industrial (¿habéis visto la película American Psycho?), porque eso puede daros una pista clara de por dónde pueden ir los tiros. Ante todo, los psicópatas y las psicópatas son siempre muy limpios y concienzudos, por lo menos los de las películas lo son…
Es cierto que algunas personas tienen miedo, y no sólo las chicas. Por eso, algunas lesbianas, y también algunos gays, suelen enviar mensajes de móvil a sus amigos o amigas de confianza diciéndoles exactamente dónde están cuando van de ligue ocasional, más que nada para que alguien encuentre su cadáver si se da el caso… Hay que tener siempre muy claro que no se puede follar con miedo, porque no se disfruta la experiencia.
Entonces, si no queremos ir a casa de la chica que acabamos de conocer, ¿adónde vamos? ¿A nuestra casa? ¿Y si luego la chica se encapricha y empieza a acosarnos durante meses al más puro estilo Glenn Close en Atracción Fatal? ¿Cómo nos la sacamos de encima si sabe dónde vivimos? Difícil situación, desde luego.
También podemos ir a un hotel, o alquilar un apartamento por horas, pero resulta caro, claro, y la economía no está como para lanzar cohetes. Otra opción, más barata y más segura, pero menos placentera, podría consistir en que cada una os vayáis a vuestra casa y practiquéis sexo telefónico o por Internet… Pero no es lo mismo, ¿verdad que no?&#8230;
No sé, es complicado, ¿y sabéis por qué es tan complicado, me parece a mí? Porque las lesbianas, en general, no queremos solamente sexo, además, queremos dormir con la chica, pasar la noche con ella, abrazándola y sintiendo su cuerpo junto al nuestro, y eso implica un despliegue logístico difícil de planificar en muchos casos. En cambio, conozco a muchos hombres gays que, según me cuentan, cuando terminan de eyacular ya se están abrochando los zapatos para irse. Pero no conozco a ninguna lesbiana que abandone el lugar de los hechos con semejante rapidez, o que lo confiese al menos.
Y mientras tanto, las lesbianas, además de sufrir doble invisibilidad, nos enfrentamos también a un doble dilema, porque tenemos que decidir primero entre dejarnos o no dejarnos llevar, que también nos cuesta lo nuestro a veces; y luego debemos decidir adónde nos dejamos llevar… ¿A tu huerto o al mío?&#8230;</itunes:summary>
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