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Broken Hard

Publicado el julio 14th, 2017 | por InOutRadio

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Broken Hard: ‘Cómo curar un corazón roto (siendo lesbiana)’

Ya sabemos que hay muchas maneras de enfrentarse a una ruptura sentimental, con más o menos éxito. Esta semana, la Red nos sorprende con un texto procedente de América Latina que, a juzgar por los comentarios posteriores, no deja a nadie indiferente. Aquí tenéis un resumen del texto, una mezcla de opinión personal y consejos ante una ruptura. A ver qué os parece… Si queréis leerlo entero, visitad el link. 

Cómo curar un corazón roto (siendo lesbiana)

Ay, el corazón roto. Es inevitable. En algún punto en la vida, nos toca a todas. Al menos que seas Shane, claro. Pero nadie lo es. (No, reina. Ni tú.) (Y si sí, por favor escribe el libro sobre cómo evitar un corazón roto y hazte una autora best-seller.)

Ahora: lo trágico, en nuestro caso, no es tanto el corazón roto –¿quién diría que puede haber algo peor, no?–, sino ser una lesbiana con el corazón roto (para las que no sean lesbianas, sino bisexuales o pansexuales o todosexuales o simplemente unas zorras, inclúyanse en el nada universal “lesbianas” y discúlpenme). (…)

Porque, digo, para empezar, ¿en qué otro mundo es tan probable escuchar una propuesta de amistad como lo es en el nuestro una vez que la relación amorosa ha terminado? Esa debería de ser una regla universal: ¿quieres una amiga lesbiana? ¡Anda con ella y truénala! Una pensaría que así como llegó con su cepillo de dientes a la primera cita, se iría con él al momento de decir adiós, pero no…

Alguna vez leí que en este universo seamos amigas significa: quiero todo el drama de una mala relación, sin el sexo. Y es que eso tiene una cuando decide aceptar la propuesta: drama, sin sexo. Porque el sexo seguramente lo está teniendo tu mejor amiga. Que antes era tu novia. Que ahora se está cuchiplanchando a la que solía ser tu mejor amiga. O algo así, digno de The Chart. ¿O habré visto demasiada televisión y estaré generalizando a partir de millones de experiencias personales, malditas perras traicioneras una trágica vez que me pasó? Sí, de seguro exagero. (…)

Porque esa es la otra: incluso si tienes la suerte de que no te propongan una amistad después de que dejan, ¿a dónde vas a ir a ahogar tus penas si no es al único lugar que existe en la ciudad para ello? Lugar en el que, obviamente, ella está disfrutando su recién encontraba libertad. Con las otras diecisiete mujeres que componen el colectivo “L” del LGTTTBIJKLMOPQ de este país. (…)

Y ni siquiera he hecho referencia aún al mundo que hoy no puede ignorarse, que es el virtual. (…)

Ante este panorama, ¿qué queda hacer entonces? La respuesta es muy fácil, chicas: cambiarse de país. Cometer un suicidio facebookero. Desaparecer. Es el acto de mínima decencia. ¿No creen? ¿No?

Bueno, para las que no son tan radicales como una, sólo hay una forma de curar un corazón roto: cogiendo con quien se deje, cantando rancheras de Ana Gabriel, comiendo, comprando un gato, comprando dos gatos, y un pez, fugándose a un retiro espiritual (à la Bette), convirtiéndose en la versión lésbica de Bridget Jones… dejándose sentir lo que tiene que sentir.

(Lo que significa, obviamente, que se hagan mejores amigas del Prozac, se metan a una clase de tango les, tengan a sus mejores amigas en speed-dial y, por Dios, ¡aléjense del Internet!)

FUENTE: http://samnbk.tumblr.com/post/19580559733

FOTO: verdadesymentiras.bligoo.com.mx

 

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